Una rica historia, llena de desafíos, emprendimientos, logros, dificultades y satisfacciones, envuelve la vida de Don Ernesto Tornquist, un hombre cortés, práctico, sencillo, de risa amable, pero seguro de sus ideas, fuerte en sus convicciones y consagrado al bienestar del país.
En conmemoración al centenario de su fallecimiento el 17 de junio de 2008, la Comuna decidió realizar un homenaje al hombre que organizó y pobló estas tierras. Se unieron a la idea algunas descendientes que donaron el contramolde de yeso con el cual se hizo la obra de arte que lo recuerda, inaugurando la base del mismo el 22 de junio de ese año.
Para tal ocasión visitaron la localidad María F. Acuña de Coelho, Mercedes Acuña, Sonia de Bary con su hijo, Ana de Bary de Sánchez de la Puente con su familia, todas bisnietas de Don Ernesto y Mariana Hogg tataranieta; cubriendo dicho acontecimiento de un verdadero honor.
Por esto, no menos especial es el homenaje de todo un pueblo, que delegó en el Arq. Jorge Martino el diseño y la construcción de la obra: una escultura cargada de significados, formas, líneas y texturas, que sintetizan el legado de Don Ernesto en sus acciones y que mira el pasado, pero que también se proyecta hacia las generaciones venideras.
Esta base está compuesta por distintos conceptos que se organizan en cinco ejes temáticos, los que dan como resultado la imagen morfológica final:
– La ubicación: está en el centro de la plaza principal y responde a dos particularidades: se encuentra en el “punto cero” de la avenida que lleva su nombre y da lugar a que el busto se oriente al sur, mirando a la ciudad que le diera origen, lleva su nombre y en donde descansan sus restos, en el partido de Tornquist.
– Por Don Ernesto: es un objeto “orgánico”, casi como un ser viviente. Intenta reflejar la inmortalidad y la perpetuidad de su legado; una entidad que reposa sólidamente en el suelo, de apariencia segura y pesada, que manifiesta la fuerza y la integridad de sus ideales, opiniones y objetivos. Con marcadas líneas rectas y ángulos precisos, que representan la rectitud y la dignidad de su accionar, y diferentes pliegues que, a medida que ascienden, generan diversos planos y otorgan a la obra plasticidad y movimiento, con la idea de simbolizar esa mirada siempre puesta en el progreso y ese espíritu de emprendedor, polifacético e iniciador, que tanto lo caracterizó.
– Por el pueblo y sus inmigrantes: es una estructura simple y modesta como la comunidad. Algunos de los pliegues son más profundos, están rehundidos y simbolizan aquellos surcos dejados por los arados y los cinceles de los primeros inmigrantes que trabajaron estas tierras, como una huella imborrable y colmada de recuerdos.
– La forma: la figura corresponde a una cinta helicoidal que gira en el lugar, se pliega, se deforma y asciende en su punto central, para dar sustento al busto y dejar en su parte inferior un espacio libre que permite ver el paisaje a través de la obra. El objetivo es generar, por un lado, una imagen permeable desde lo visual, que permita integrar y equilibrar el espacio verde con lo construido, y por el otro, una imagen cambiante y diferenciada, que ofrezca distintos perfiles a medida que se la observa y recorre.
– El material: la utilización del hormigón visto, en su condición natural, como único material es muestra de nobleza, contundencia, mesura, modestia, sobriedad y perdurabilidad; todos conceptos que simbolizan la vida de Don Ernesto Tornquist.
Sobre ésta, surge la obra del artista Fabian Maldonado que trata de mantener presente a través de la imagen extraída de aquél contramolde donado generosamente, la imagen de nuestro formador, siendo un justo homenaje a tan virtuosa persona.


