
Corría el año 2002 cuando desde Cáritas fueron convocadas distintas personas para sumarse a un proyecto que se ocupara de los adolescentes en situación de vulnerabilidad social. Después de un año de reuniones, se decidió comenzar con visitas domiciliarias a jóvenes que pudieran ser invitados a participar del Taller Artesanal para Adolescentes.
Así se pusieron en marcha Talleres de Carpintería, Pintura, Valores y Espiritualidad. Al poco tiempo, sumaron el Taller de Cocina y así se llegó a dar merienda y una pequeña cena.
Las tareas se desarrollaban con más entusiasmo que elementos y comodidades, disponiendo de un reducido sector en la vieja estructura de la ex Clemir, sitio donde se desempeñaba la Casa del Emprendedor.
El pequeño taller en la parte superior, una cocina casi improvisada en la parte baja, daban respuesta efectiva a los asistentes que durante unas horas al día podían acercarse, recibir contención, conocimientos y merienda.
Luego todo se trasladó al inmueble de calle Crespo, con el desafío de construir un espacio propio que tuviera cubierta todas las necesidades. Así el sueño se transformó en realidad y actualmente disponen del mismo para seguir llevando adelante las acciones comprometidas hace más de dos décadas.

