Y fue obra y gracia de Emiliano Romay que destrabó la paridad existente en el historial y se quedó con el primer tanto convertido entre ambos equipos en el estadio aurinegro. Seguido por una multitud, el partido no tuvo grandes emociones pero sí contó con una generosa dosis de entrega.
Los dos tiempos del partido fueron casi idénticos, con el local arrancando de movida en campo contrario, tratando de hacer pesar la localía, para luego Unión ir recuperándose y nivelando las acciones. La única diferencia estuvo en la mágica pirueta ensayada por Emiliano Romay allá por los 30 minutos del complemento, tanto que sirvió para desatar la euforia en los cientos de hinchas albiverdes que se acercaron hasta el estadio de calle Dentesano para alentar a los dirigidos por el «Chino» Tosetto que sumó su segundo triunfo en línea.
«El Chino no se va, el Chino no se va» fue como lo despidieron, mientras él, que se había ido minutos antes expulsado por Leandro Bottoni, recorría uno a uno a sus jugadores para darles un largo abrazo.
Pareció de movida que Libertad se ponía en ventaja. Aldo Jamud generaba peligro a través de su pivoteo, para que sus compañeros le pegaran de media distancia o bien se lanzaba en palomita para buscar el palo, apenas desviado. Sin embargo, luego llegó la réplica albiverde por intermedio de Cinturión y un mano a mano conjugado por Baigorria.
Luego, poco de todos, el partido cayó en un pozo, mucha lucha, mucho forcejeo y pocas ideas. A pesar de esto, la visita terminó dejando una mejor imagen antes de emprender el camino a los vestuarios.
De movida, en el complemento Tosetto pedía a los gritos «entrar enchufados» y es que el aurinegro otra vez lo acorralaba. Metido en campo visitante, Libertad intentaba pero no encontraba demasiadas ideas para acercarse definitivamente al arco defendido por Aguiar. Los minutos pasaban y también la sucesión de cambios obligados por lesión que debieron efectuar ambos entrenadores, reacomodando las piezas.
Toda la tranquilidad que pudo tener el partido desapareció a los 30 minutos, cuando Emiliano Romay se vistió de héroe, ensayó una chilena y convirtió un gol que seguramente recordará por mucho tiempo. A pesar de faltar varios minutos, desde ese momento, todo se jugó como si fuese la última pelota, haciendo que el desarrollo fuese ampliamente emotivo pero sumamente impreciso.
Sin encontrar claridad, la proximidad del fin le jugó en contra a los de Delfino que terminaron repitiéndose en centros para luego asistir al festejo de la visita que se quedó con una nueva edición del clásico y ahora mira con otros ojos el futuro más inmediato.

