El ídolo que lo ve desde la tribuna

Mariano Ceruti es todo un personaje en esta ciudad que lo adoptó como su hijo pródigo. Todos lo quieren y cada vez que saluda, el público lo aclama. Pero, esta final, tiene un sabor agridulce para el alero, ya que la tendrá que mirar desde la platea por su lesión en el tendón de aquiles.

No es fácil la espera para el Bebo, que jugó dos finales y no pudo ganar ninguna (2000-01 derrota de Libertad ante Estudiantes de Olavarría y en la 2003-04 en la caída de Gimnasia y Esgrima La Plata frente a Boca). Fue el primero en llegar de todo el plantel al «Hogar de los Tigres» y enseguida cumplió su ritual: sentarse en el buffet para charlar con los amigos de siempre.

Son esos amigos los que acompañan al Bebo en esta incómoda espera. Charlan y se ríen hasta que llega la hora del partido. Ahí las cosas cambian: sentado al lado del banco con sus muletas como mejores compañeras, su aporte es diferente. Cambia los triples y las mandadas electrizantes por aplausos y gritos de apoyo a sus compañeros.

«Tengo que aguantar, sin apurarme y respetar los plazos de recuperación. Mientras tanto tengo que alentar a mis compañeros. Estoy muy feliz por la victoria que consiguieron», dijo al final del partido.

Un Bebo a pleno que lo vive a su manera. Que grita los pase mágicos de Sepo Ginóbili, uno de sus mejores amigos en el equipo, las volcadas de Jeff Aubry y los triples de Diego Cavaco. Que también se agarra la cabeza con los bombazos de Leandro Masieri y la pimienta de Jervaugh Scales. Tranquilo Bebo, a lo sumo faltan seis partidos.

Juan Ballesteros
Para LNB.com.ar

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