Cosa rara en algunos pero de esperarse en ellos, decenas de minutos antes de la presentación, Walter Saavedra y Daniel Ardizzone charlaron con prácticamente todos los presentes en las ex cocheras Rotania, casi como pasando lista a los presentes. El primero, con la calidez de sus maneras que hacían que, a pesar de haber estado tan solo una vez antes en la ciudad, pareciera que se lo conocía desde siempre. El guitarrista, cargando con la leyenda de su padre pero haciendo huella por sí mismo.
La sala llena, con un murmullo de inquietud, aguardaba que los dos se hicieran cargo del taburete y la guitarra que esperaban sobre el improvisado escenario. Alrededor de todos, la decoración hablaba de Unión y Libertad, de Argentina, de pasión, de fútbol, en definitiva.
Tras acomodarse y luego de pedir un poco más de tiempo, arrancó el partido imaginario con el poema que abre aquel “Hambre de gol” que oportunamente presentara en nuestra ciudad, único de aquellos relatos presentes en la obra. El manejo de su voz, el resonar de las cuerdas acompañándolo, tejieron una urdimbre de sensaciones que sería imposible desmembrar sino hasta el pitazo final.
Así fueron desgranándose cuestiones, vivencias, experiencias o situaciones imaginarias que casi de forma indefectible contaban con el respaldo de cabezas que se movían verticalmente, asintiendo las palabras que les llegaban. La reivindicación de la mujer y su rol en una sociedad marcada por el consumismo futbolero también estuvo presente al igual que las cosas que pueden ser irrisorias pero que tienen su sustento en la pasión que genera este tipo de deportes.
Y claro, estando presente Saavedra, no faltó tampoco el relato de un gol. Fue el del mundial, uno que puede llegar a tener lugar en la final, ante Brasil, estando cero a cero y con Messi convirtiendo el tanto de la victoria. El mismo fue seguido con atención por parte de los presentes que recién cuando se apagó el grito de gol estallaron en un cerrado aplauso.
Terminó como terminan todas las cosas, hasta incluso las más bonitas. Nos dejó el pecho inflado y una sonrisa dibujada en nuestros rostros. Aunque cuando los primeros estaban saliendo de las ex cocheras, se acomodaron y arremetieron con un bis que vendría a ser el equivalente del tiempo de descuento. Sólo faltaron los papelitos y los cánticos desde la platea o las tribunas que en la parte trasera habían sido dispuestas, de lo demás hubo de todo y en abundancia.
Acierto en la elección
La apuesta por parte de la administración local, a través del área de Cultura y Deportes merece ser destacada puesto que permitió que la comunidad, de forma gratuita, pudiera acceder a un espectáculo que difícilmente se pueda repetir en la ciudad.

