Con este hermoso y sugestivo título, el martes 15 de octubre fue presentada la obra literaria de Héctor Luis Cattena en la sala de la Sociedad Italiana de Ataliva, actividad cultural organizada por la Comisión Directiva de esta histórica Sociedad.
El escritor nació en Pilar (Sta. Fe), cursó el primario, secundario y se convirtió en Ingeniero Agrónomo egresado de la Universidad Nacional del Litoral en Esperanza. Comenzó en el INTA de Rafaela y en San Pedro (Bs. As.). En la Universidad de Bologna (Italia) cursó un postgrado. En la década del 80 continuó en Empresas de Insumos Agropecuarios, donde ocupó la Dirección Nacional e Internacional en varias de ellas.
Apoyado en proyección de imágenes, sugestivos títulos e interesantes síntesis, fue generoso el contenido de sus páginas para introducirnos en su obra, un contenido que logró con minuciosa investigación de todo el accionar de la Empresa Colonizadora de Lehmann, sus socios y todas las poblaciones que nacieron, incluida Sunchales.
El prólogo fue escrito por Martín Lehmann, descendiente del colonizador y presente en el acto, acompañado por Ítalo Cassina, Agente Consular de la ciudad de Rafaela. Mariela Schiavi de Toranza condujo la ceremonia y el Presidente Comunal José Álvarez agradeció al disertante remarcando la calidad de la investigación y el valioso aporte de su obra literaria. Nos acompañó Rosana Schiavi, soprano.
Invitada por la Comisión Organizadora de esa Sociedad Italiana, fui presentada como escritora atalivense, honorable título porque ese pueblo fue mi cuna y durante 28 años pude iniciar mi camino por los íntimos senderos de la literatura, comenzando mi primera publicación con “Pueblo Siembra”, totalmente dedicado a mis vivencias en ese lugar de privilegio.
Con Héctor Cattena intercambiamos textos. Me obsequió “Gracias, grazie” (Vivencias de una historia familiar). Por supuesto, le obsequié “Lo llamarán fundador” y otros más recientes. Los organizadores nos ofrecieron un excelente ágape y entregué 80 copias de un poema brotado en el momento mismo de recibir la invitación. Una confidencia: en este último ámbito, donde antes funcionaba el bar de la Sociedad Italiana, habíamos celebrado mi sencilla fiesta de casamiento. Fue un auténtico regreso a mi pueblo.
Regreso a mi pueblo
Regresar a mi pueblo es añorar
aquellas benditas calles de tierra
que transité, tan breves, tan mías
para conocer letras y números
en la muy amada escuela cercana
y hacer rondas perfectas de júbilo
junto a las niñas todas de blanco.
Volver a mi pueblo amado
es recuperar aquel abuelo
y recobrar su singular estirpe
de neta sangre italiana de Lombardía
que unió a la bendita abuela
para sembrar hijos en este suelo,
multiplicados en la progenie,
enamorados de su destino.
Regresar es una mixtura inolvidable
de padres, alumnos y amigas
que enriquecieron mi espíritu
con momentos grabados en oro,
esos que nutren, deleitan, enseñan
y marcaron senderos de mi vida.
Los verdes intensos de su plaza,
los sonidos y ecos de las chacras,
el esplendor del trabajo fecundo,
hombres y mujeres de honor
que llevo engarzados en la memoria
y hacia el oeste ese ámbito silencioso
donde reposan quienes me dieron la vida
y me enseñaron a amar este pueblo.
Chela Roldán de Lamberti (15/10/24)




