Hasta que cobré mi primer sueldo como docente, los libros ajenos fueron mis compañeros. En el aula de primer grado había en el rincón un alto y viejo mueble de madera, con material para dar clase mi maestra, pero también contenía libros de cuentos infantiles. Quien terminaba pronto un trabajo, debía retirar un librito para leer mientras esperaba a los demás.
También existía la Biblioteca “Domingo F. Sarmiento”, perteneciente a la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, una institución nacional que perdura. Con pocas monedas se cubría el pago de la cuota societaria. La Escuela Primaria 375 “Justo José de Urquiza” concedía un aula para funcionar en el edificio. Dos oportunidades para convertirme en lectora desde primer grado. También recuerdo a mi maestra ofreciéndome como préstamo textos de su propiedad. Luego, llegaron los libros de estudio para el secundario en la Escuela Normal “Domingo de Oro” en Rafaela.
Martha Ramb (luego de Miretti, madre de Gustavo Miretti, héroe de Malvinas) era hija de la directora y cursaba tercer año de magisterio. Ya dos hermanos mayores habían usado los libros que después tuvo ella. A mí me llegó la oferta de préstamo a través de su madre, la Directora, y después quedaba un alumno posterior, Guillermo Ramb, que aún cursaba la primaria. Cinco alumnos los usamos, con cuidado y cariño, pero solamente Martha y yo asumimos luego la docencia en las aulas. Un ropero heredado de mi abuelo sirvió para que mi padre lo acondicionara con estantes y así llegué a ser dueña de mi primera biblioteca, llenada primordialmente con material de trabajo escolar para mis alumnos.
Al mudarnos hacia Sunchales, la Escuela “Ameghino” me ofrecía un tesoro increíble en su Biblioteca, atendida por Vilma Giletta, excelente en su función diaria. Las librerías de la ciudad me tentaban y la biblioteca de la Municipalidad, además de la escuela “Carlos Steigleder”, producto donado por la biblioteca popular que funcionaba anteriormente como biblioteca pública fueron manantiales donde abrevar con avidez.
Las escuelas eran visitadas en forma asidua por lo vendedores de libros como representantes de distintas editoriales. Y entonces se intensificaron mis compras, además de las visitas anuales a la Feria del Libro en Buenos Aires, sumados los libros para hijos y luego, los nietos.
Hoy dormitaban las páginas con tintes de madurez. ¿Qué destino darles? Las escuelas están bien dotadas. Mis hijos tienen sus propios ejemplares y entonces… un volver al ayer asomó como meta; alrededor de mil ejemplares están ya en la Biblioteca “Sarmiento” de Ataliva. En Sunchales dos Vecinales fueron las receptoras: Barrio Moreno y Barrio Sur. Este último, por ser “mi Barrio”, volverá a recibir este año.
Concurrir a la Universidad es acopiar una riqueza maravillosa. Para quienes no pudimos abordar ese escalón, lo reemplazamos con los libros, maravillosa fuente donde abrevar los conocimientos.


