(Por: Pamela Vacca) – No soy desaparecido ni hija de desaparecido,
sólo soy una joven más que divaga entre lo que puedo ser y lo que he sido.
Crecí con la foto del Che colgada en la pared de mi dormitorio
y usé remeras de él pero leí muy pocos de sus libros.
A eso me acostumbró el Mercado.
La Historia ha muerto: nadie puede cambiarla,
eso me enseñaron los adultos que hoy piden que me comprometa.
Hace 30 años un golpe militar hería de muerte los sueños de mucha gente,
un tal Rafael Videla comenzaba a regir los destinos de mis padres,
cuando yo todavía ni había nacido.
Montoneros, subversivos, Ejércitos Revolucionarios,
Estado de sitio, 30 mil desaparecidos.
Había que matar a los rebeldes del sistema,
salvar al mundo de quienes querían un mundo mejor.
Había que acribillarlos, como sea,
“algo habrán hecho”, decía alguna gente indiferente
ante la insospechada visita de los Falcon verdes
que iban despojando sueños y arrestando estrellas
sin medir las consecuencias.
Hace 30 años un golpe militar hería de muerte los sueños de mucha gente.
Ametrallas, noche, frío, desolación, allanamiento,
gritos, mucho olor a despojo.
Picanas, torturas, ojos vendados, centros de detenciones,
gritos, mucho olor a miedo.
Ametrallas, disparos, ráfagas, noche, disparos,
venganza, mucho olor a muerte.
El sabor mismo de la muerte percibiéndose en cada esquina.
No soy desaparecido ni hijo de desaparecido,
sólo soy una joven más que divaga entre lo que puedo ser y lo que he sido.
Crecí viendo cómo mis viejos votaban por Alfonsín,
creyendo en la democracia,
Obediencia Debida y Punto Final a los genocidas.
Saqueos y supermercados, huelgas y un mandato que no termina.
Crecí viendo como mis viejos votaban a Menem,
cómo entrábamos, junto a Carlos y María Julia,
al Salón del Primer Mundo y al sector VIP de la Fiesta de la Globalización,
en la mismísima Casa Blanca, con Bush Padre como disc jockey exclusivo.
Neustad me enseñó la “Menemstroika” y me mostró sus mil maravillas.
Cada uno de mi generación –unos más, otros menos- creció siendo menemista.
Cómo no serlo si era divertido, farandulero, audaz y había trabajo,
cada vez menos trabajo.
Entonces despertamos.
De la noche a la mañana nosotros adolescentes
debimos darnos cuenta –por primera vez- que nuestros viejos se habían equivocado
y nos acostumbramos a ver con nostalgia la Gente o la Caras
Para ver como cada vez más nuestra vida
se alejaba de la de los artistas mostrando sus joyas y sus autos nuevos.
Entonces despertamos y –ya con más de 18- votamos a De la Rúa.
Así crecimos, la generación que vino después,
viendo como se pagaban las coimas en el senado y
siendo testigos televisivos de cómo Duhalde derrocaba al presidente más aburrido.
Así crecimos.
Viendo como la Señora Democracia no era tan buena por sí misma como parecía.
Así crecimos, la generación que vino después,
después del golpe, después de los románticos ’70,
después de las revoluciones perdidas,
después de los sueños.
Así crecimos.
Con la foto del Che colgada en la pared de nuestros dormitorios
y las remeras de él pero muy pocos libros.
A eso nos acostumbró el Mercado.
La Historia ha muerto: nadie puede cambiarla.
Eso nos enseñaron los adultos,
los mismos que hoy nos piden compromiso.
Somos hijos de nuestros padres,
pero también de las ilusiones perdidas,
de la democracia corrupta, de Alfonsín, Menem y Cavallo,
De De la Rúa escapando en helicóptero
y del capitalismo de mercado.
De la nostalgia que nos pide volver a los ideales de aquellos ’70
pero nos vende celulares, ropa nueva y de marca,
y nos invita a brindar en los boliches de moda por el amor fácil y el presente continuo.
No somos desaparecidos ni hijos de desaparecidos,
somos hijos de nuestros padres,
pero también somos hijos de Cromagnon,
del Maradona drogadicto, de los Planes Jefes y Jefas de Hogar que nunca terminan,
de piqueteros eternos y de los sindicalistas gordos.
de la flexibilización laboral y los sueldos miserables de las ciudades.
De las retenciones y los precios altos,
de las comilonas y el despilfarro, de la desnutrición infantil,
de la opulencia de unos y la miseria de otros.
No somos desaparecidos ni hijos de desaparecidos,
Somos una generación joven que divaga entre lo que puede ser todavía y lo que ha sido,
con las confusiones propias de lo que ya fue,
aún seguimos esperando, la Generación que vino después.
Titulares y suplentes
Medianoche. 4 de la mañana.
Mi cuerpo cansado decide volver a casa,
Después de un largo viaje de transmisiones deportivas.
Esos viajes lindos con los planteles de la zona.
Hay que volver a casa. Son las 4 de la mañana.
Llego a mi casa, prendo la luz de mi dormitorio
Y lo encuentro a el, mi hombre amado,
Con la vecina de al lado.
Ya no había acción. Sólo los rastros se encontraban.
Los dos dormidos, como Dios los trajo al mundo y abrazados.
¡Con la vecina de al lado!,
Con la cheta del gimnasio.
Una musculeitor con aires de importante
Que se cree que por tener glúteos desarrollados es la más ganadora de la tierra.
Vive al lado pero trabaja en el gimnasio de la esquina.
Todos la conocen como “la cheta del gimnasio”.
Casi 1.80 metros de paquetes musculares,
Cara de nada, chicle siempre en la boca,
De la que salen sólo palabras que hablan de sí misma
y de los hombres que, según ella, puede conquistar con su perfume importado.
Cara de nada, cabello rubio casi perfecto,
chicle siempre en la boca.
Con ella te encuentro esta noche.
Esta pobre flaca periodista, relatora de fútbol y emociones,
por culpa de un tal Claudio se fue solo a desandar fronteras,
con no más armas que su bolsito y su micrófono,
y hoy se encuentra con esto: su hombre y la vecina.
Seguramente te habrá atendido bien,
Seguramente habrá puesto en práctica
todo lo que aprendió de la revista Cosmopolitan,
en algún libro de 50 pesos que se que compra para aprender un poco.
A mí no me hacen falta libros, nene!,
todo lo que hago me sale de adentro,
soy improvisación de momento,
como el Loco Houseman o Corbatta cuando desbordaban por la punta,
como Messi, el Burrito o Ronaldinho.
Soy lo que los europeos llaman “fantasista de potrero”.
Pregúntale a ella si empieza todo poniendo un lento clásico,
alguno de los Guns bien bajito, con un wisky de por medio y una cama a media luz.
Pregúntale a ella si te pone Metálica o Le it be de los Beatles para besarte despacio.
Para empezar a recorrer el mar de tu cuerpo con un botecito viejo,
Desabrochándote los botones al ritmo de la melodía,
desvistiéndote de a poco, con mucho tacto,
para conquistar tu pecho y anclarme ahí,
y sentir cómo en tu panza abdominal el gusanito de los nervios te traiciona.
Y de repente la calma se vuelve tempestad y todo se acelera,
el botecito empieza a pendular de un lado para el otro,
y tiemblan la tierra y los mares y la tempestad acecha,
y la tormenta nos confunde entre el temor y la alegría,
y hay fuego en el barco y hay gritos,
hasta el timón se ha roto y el barco ya está a la deriva.
Y después viene la lluvia a salvarnos y te mojo entero con una catarata de besos,
y después de tus suspiros la calma vuelve
y hasta las estrellas aparecen en la inmensidad de la noche,
para quedarse a vivir en tus labios.
Decime, se sincero, decime si la cheta del gimnasio te hace sentir todo eso.
Es cierto: ella es de Boca, porque siempre es de los que ganan.
Yo, en cambio, soy de Talleres.
ella festeja Libertadores
y yo, en cambio, sufro ascensos frustrados.
Decime, se sincero, decime si la cheta del gimnasio te hace sentir todo eso.
Si es así, levanto mis cosas y ya me estoy yendo.
Si no, me quedo y acepto que ella sea la suplente,
la que me reemplace cuando, en casos como este, me sacan la 5ta. amarilla.
Que te quede bien claro quién es el titular y quien la suplente.
la que ingresa faltando 3 minutos,
como para hacer tiempo cuando el partido ya está definido.
la que juega y puede jugar mil partidos,
mientras yo espero lesionada en la tribuna,
puede jugar mil partidos pero nunca va a poder definirlos.
Nunca va a poder gambetear contra la raya como el Loco Housemann,
Corbatta o el Burrito,
Nunca va a poder improvisar un enganche en el área de tu abdominal,
desparramar tu ropa –como defensores-
y darte un beso a la red, como un gol de Messi a Serbia y Montenegro.
Que te quede bien claro quien es la titular y quien siempre va morir siendo suplente.

