Los nombres que los romanos utilizaban para designar los meses del año tienen su origen en dioses, emperadores o números, y estos se han conservado en las lenguas inglesa, española, francesa, italiana y portuguesa. Mayo representa un homenaje a los ancianos o protectores del pueblo, ya que deriva de la palabra latina “majorum”, que significa mayores. Otros atribuyen su nombre a la diosa Maya, esposa de Vulcano.
En nuestras páginas históricas se destaca la fecha magna del 25 de Mayo y la constitución del Primer Gobierno Patrio, pero otros acontecimientos importantes transitaron por ese calendario de 1810. Quizás, el nombre del mes fue premonitorio para lo que sucedería en esa etapa de nuestra historia; como si determinados dioses hubieran extendido un manto protector sobre lo que en aquel momento constituía el Virreinato del Río de la Plata.
Por ejemplo, el 13 de Mayo llegó a Montevideo y Buenos Aires a través de una fragata inglesa, la noticia de la toma de Sevilla por los franceses. Pero ese hecho había ocurrido el 1 de febrero de ese año. Recién el 18 de mayo comenzó a ver la luz nuestra histórica Semana de Mayo, siete días trascendentes para la propia historia, donde se originaron pasos sucesivos que darían como resultado el surgimiento de nuestro Primer Gobierno Patrio. Precisamente fue el Virrey del Río de la Plata, Don Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien anunció al pueblo a través de una proclama el estado crítico de España con respecto a la invasión francesa, pretendiendo así calmar la ansiedad general y los síntomas revolucionarios que comenzaban a sentirse en el seno de Buenos Aires.
Inútil pretensión. Fernando VII de España había sido obligado por Napoleón a abdicar. Cuando sucumbió la Junta Central de Sevilla, último bastión de la monarquía española, en Buenos Aires, tal como ocurrió en otros lugares de la América española, se sostuvo inmediatamente que el virrey debía renunciar. Pero avanzaremos más adelante con los transcendentales hechos de la histórica Semana de Mayo, esa que aprendimos en la escuela primaria y secundaria, pero quizás olvidamos en cuanto a sus detalles y cronología.
Vamos a destacar con prioridad temporal que también un 18 de mayo, pero muchos años después, precisamente en 1935, el Consejo Nacional de Educación instituyó esa fecha para celebrar el Día de la Escarapela. Pero allá lejos en el tiempo y por pedido de Manuel Belgrano, había sido el Primer Triunvirato el organismo que instituyó nuestro distintivo. Expresan los documentos: “El 18 de febrero de ese año, el Gobierno resolvió reconocer la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata con los colores blanco y azul celeste, aboliendo la roja. “Belgrano, afirma Felipe Pigna, se entusiasmó con el decreto y le anunció al Triunvirato que el día 23 de febrero de 1812 entregó las escarapelas a sus tropas para que «acaben de confirmar a nuestros enemigos sobre la firme resolución en que estamos de sostener la independencia de la América«.
Hay distintas versiones sobre la aparición de nuestra escarapela. Recordemos las imágenes de French y Berutti; el grupo de damas de Buenos Aires (Casilda Igarzábal entre otras), etc. Sin embargo, se dice que el origen más antiguo de los colores celeste y blanco en la simbología argentina se remonta al escudo colonial de la ciudad de Buenos Aires, creado en 1649, formado por un óvalo dividido en dos mitades: la superior, celeste (por el cielo), y la inferior, blanca (o plateada, por el Río de la Plata). Más importante que la inspiración de sus colores, remarquemos que es símbolo destinado a distinguirnos como independientes y representa un pequeño trozo de la bandera argentina sobre nuestros corazones. Desde el 18 de mayo ella lucirá en nuestro pecho para revivir toda la Semana de Mayo, culminando el tradicional 25 de Mayo con los actos celebratorios.

