Transcurría una fría noche de julio, cuando el Pigu se subía al cuadrilátero en el mítico Luna Park que recuperó su esplendor, tal como en aquellos combates de antaño, verdaderas antologías históricas que se hicieron realidad, confluyendo en un cuadrado iluminado en medio de la oscuridad. Ahí, el boxeador de Tigre logró lo que dos veces se le había negado antes. Aquí recordamos, horas antes de este nuevo desafío, cómo fue aquella noche.

