Si existe un género que ha atravesado tiempos y espacios, que ha luchado contra las crisis y las negativas, los totalitarismos y los intereses, es el teatro.
En columna II conté cómo había sido destruida La Ranchería, lugar donde la gente se reunía a ver teatro, allá por los años de la colonia, y podríamos pensar que el afán teatral se acabaría con la tragedia del incendio, pero no fue así. Como el Ave Fénix, al quedar destruida La Ranchería en 1792, se pensó en construir un edificio para tal fin y el teatro, resucitó.
El artículo publicado en TELÉGRAFO MERCANTIL RURAL, POLITICO ECONÓMICO E HISTORIOGRÁFICO DEL RÍO DE LA PLATA, espacio que funcionaba a instancias de Manuel Belgrano, incitó a buscar espacios para el teatro. La pregunta: “¿…Y es creíble que una capital populosa fina y mercantil, carezca de un establecimiento donde se reciben las mejores lecciones del buen gusto, y de una escuela de costumbres para todas las clases de la sociedad?”.
La interrogación retórica dejó de ser tal cuando en 1804 se iniciaron las obras en el denominado “hueco de las animas”, hoy, la casa central del Banco de la Nación, pero nunca prosperó esta iniciativa y en su lugar, se autorizó otro local provisorio. Era una casona de la que se unen dos grandes salones que se adecuaron para tal fin de manera provisional. Se inauguró el 10 de mayo de 1804 con el nombre de «Coliseo Chico», ubicado a dos cuadras en la intersección de las actuales Reconquista y Perón. En la inauguración participó el virrey Sobremonte.

Un hecho poco conocido es que el 26 de junio de 1806 estando Sobremonte en el palco oficial de El Coliseo, recibió la noticia de que las tropas inglesas con sus navíos, se acercaban. Era la primera invasión al Rio de la Plata. “El sí de las Niñas” de Moratín, que se desarrollaba en el escenario, perdió su atención. La realidad quitó de la ficción dramática al virrey quien debía enfrentarse al grave problema. Cómo se condujo este virrey fue tema para la historia y ya se encargó de juzgarlo.
El Coliseo fue alcanzado por las metrallas dirigidas por ingleses desde la Plaza Mayor y sufrió muchos deterioros. A raíz de este suceso, dejó de funcionar. Volverá, luego de refacciones en 1810.
Como vemos, los sucesos políticos rozan lo cultural. Si leyéramos acerca de los hechos ocurridos en esos años, reconoceríamos que el objetivo de los hombres, estaba lejos de pensar en la dramaturgia. El objetivo era la libertad. Los ingleses les habían dejado la inquietud. ¡Pudimos con los ingleses, podremos con España!
El teatro no muere, es inherente al ser humano
El teatro es una herramienta poderosa para la reflexión y expresión social, refleja la esencia y evolución a lo largo de la historia y son los hombres y las mujeres de la revolución quienes harán que El Coliseo, después de aquel glorioso 25 de Mayo, volviera a funcionar.
Los ánimos patrióticos estaban exaltados y la premisa se acentuaba en que, el espectáculo que allí se montara debía sostener conceptos patrióticos, por eso las obras de autores españoles eran descartadas prefiriendo las de origen francés, país que se encontraba en una etapa de transformación (Revolución Francesa, 1789).
El 24 de Mayo de 1812, al celebrarse dos años de la revolución, en El Coliseo, se canta el Himno de la Libertad de Ambrosio Morante. Se trataba de una adaptación de La Marsellesa, pero Vicente López se siente tocado en sus emociones y precisamente en ese espacio, comienzan a brotar las voces del que será nuestro himno. Un año después la Asamblea del Año XIII, lo proclamará como el HIMNO Nacional Argentino. Con letra de Vicente F. López y música de Blas Parera. El Coliseo a partir de estos sucesos, comenzará reflejar la tensión entre ideologías.
Arte, política e ideologías han sido y serán condimentos necesarios para que el ser humano avance en su interés por modificar realidades. El teatro es un instrumento, así como lo es el género narrativo o poético. Solo que sobre las tablas el ser humano se posiciona, se siente protagonista real de un suceso social y eso lo hace único y eterno.
Griselda Bonafede

