Los objetos, tienen historia… Sostienen un peso oculto, intrínseco, difícil de medir si no es a partir de lo vivido. Cada elemento ha sido protagonista de un momento en la historia familiar y han sido esas familias las que impulsaron a Sunchales.
Es por eso que resulta tan importante y valedero conservarlos, aún cuando para muchos no sean más que pedazos de madera, metal y tela. Son nuestra historia y deben permanecer.

La mesa de los abuelos
(Por: Telly Mosso) – Acodados en ella; pasaron generaciones…
Quizás alumbrada desde una vela aquellos años iniciales; donde todo era esfuerzo dentro y fuera de la casa.
Repartir sobre ella el pan diario, compartir el mate cocido… distraerse jugando con naipes… tal vez una pequeña pelota jugando rodó sobre su lomo y terminó picando en el suelo… porque no todos eran grandes para trabajar… seguían hijos pequeños y cada uno, formados en los valores familiares que hoy siguen latiendo en cada raíz que generaron.
”Cuando compremos la mesa , dijo Lorenzo, tiene que ser fuerte, maciza para aguantar mucho tiempo…” porque no sabía qué rumbo tomaría su vida siendo inmigrante en un país desconocido y que a cambio ofrecía futuro… Y fueron tantos los años!!!!!. No se contaban; se vivían desde el trabajo y esfuerzo… Así llegaron un día a Sunchales.
Hijos y abuela Josefa…. Lorenzo quedó allá, en ese pequeño lugar llamado Egusquiza porque los años no contados tampoco transcurrieron en vano y su alma quedó anclada ahí entre sembrados y ganado… detrás de la casa rústica que brindó tanto cobijo.
Aquí la conocieron otras ramitas de la familia… si eran muchos se ampliaba para albergar tantos platos y el mantel de granité a cuadritos verde y blanco se desplegaba para adornar, para agasajar quien llegara de visita… manchas?, no importaba… frotado a mano y al sol lo volvía otra vez a la pulcritud extrema, planchado y guardado dentro del primer cajón de la vitrina del comedor.
Se sumaron platos, se guardaron otros ante las ausencias definitivas… ella resultó fuerte, maciza como quería Lorenzo
Hoy recibe desde un living, lustrada y erguida. Es la casa de una biznieta. La luce con honor, con orgullo… Su aroma es de familia, por eso de acodarse sobre ella para hablar o alimentarse. Guarda confidencias eternas, o algún golpe de puño con tristeza ante alguna mala noticia que sin dudas hubo muchas… De las otras también… como esta historia entre primos que comenzamos. Una tataranieta localizó su lugar de origen en tierra italiana… la historia familiar trazada en un círculo infinito proyectado al futuro…
“Giuseppa!!! -dijo Lorenzo. Hoy voy a comprar la mesa… ya es hora que estemos todos juntos en la compañía de familia…” será fuerte y maciza y quizás aguante un tiempo largo… Sí abuelos Lorenzo y Josefa…tan largo ese tiempo que nos une a su alrededor con anécdotas e historias… que nos germina el corazón de gratitud… , así se proyectará y seguirá tu gesta, tu inicio desde el profundo amor y orgullo de ser tu descendencia…

