
Ese fue el Central Norte del clásico, que esta vez estuvo lejos de lucir, de brillar, de generar el fútbol exquisito que pueden proponer sus hombres.
Hace dos fechas estaba a diez puntos de Juventud, el líder, y hoy los números marcan que quedó a cuatro de la punta. Pablo Motta sacó provecho de una de las pocas jugadas colectivas para ratificar el rumbo del cuervo.Pero este cuervo tuvo otros atributos igual de importantes a la hora de ratificar el rumbo pretendido por el timonel, por el conductor, porque le sobró coraje y solidez a la hora de defender. Frunció el ceño, infló el pecho, se puso el mameluco, y sacó a relucir esa garra característica que marca la historia de Central Norte, y que es una marca registrada. Es que si esto no aparece no sería el cuervo.
Por eso el encuentro se debatió casi en la intrascendencia. Cortado, friccionado, aburrido y monótono. Para un largo bostezo.
Y esta generalidad se dio porque Central Norte no tuvo en Sergio Oga la salida y la usina generadora de fútbol, porque a Diego Magno nunca le llegó una pelota clara, porque Juan Perillo estaba desconectado y Pablo Motta ganaba y perdía, en igual medida, por su sector. Entonces al cuervo se le hacía duro llegar hasta Baigorria, crear peligro y pisar el área con alguna posibilidad.
A todo esto, Libertad de Sunchales se mostró como un equipo equilibrado, bien parado, pero tibio a la hora de atacar.
Y en la primera jugada colectiva Central llegó al gol. Sergio Oga ganó por derecha, dejó un hombre en el camino y vio a Motta ingresar solo por izquierda. El zurdo la paró, se sacó un defensor de encima y definió fuerte (PT 17’).
Con el gol, uno en forma ingenua, pensó que el partido se abría, que Libertad saldría de su letargo y pondría más gente en el ataque. Nos equivocamos de punta a punta. Todo transcurrió igual, porque no se desarmó, continuó buscando con la parsimonia de los primeros minutos, y Central Norte se sintió cómodo de esa manera. Sabiendo que bien armadito, tapando los caminos al tigre, no sufriría ningún inconveniente.
El encuentro siguió en el mismo tono futbolístico. No era ni blanco ni negro, era gris, porque ninguno de los dos se salió del libreto establecido, y todo era un martirio. Y el árbitro Miguel Mazón no quiso ser menos ante tanta mediocridad, y también hizo de las suyas dejando pegar más de la cuenta. Y en este rubro el que sacó todos los números fue Diego Magno. Al delantero se cansaron de pegarle, de maltratarlo. Esto le costó la roja a Zuvinika, quien bajó en menos de un minuto dos veces a Magno. Con un hombre de más, Central Norte pudo golear, pero se encontró con un inspirado Baigorria.
El cuervo no lució ni desplegó el fútbol del clásico, pero puso en práctica otros atributos para soplarle en la nuca a Juventud.

