
Cada ser humano acaricia un sueño, de las más variadas formas, lugares, motivaciones que a veces se cumplen y en otras ocasiones se diluyen entre las nubes de esa gran fantasía finalmente disipada. Cada esfera de la vida tiene propuestas para que dirijamos la proa del barco hacia la búsqueda de estos sueños como puertos distantes que alcanzaremos con el esfuerzo, la osadía y la constancia responsable.
La lectura y escritura, dos acciones tan comunes y tan necesarias, nos llegan a través de las escuelas y el minucioso trabajo docente para internarnos en el placer de los libros y la interpretación de las noticias, el catecismo, la historia, las publicidades y toda una gama comunicacional que nos ubican en el mundo real donde convivimos.
Pero no siempre los sueños se pueden llevar a feliz término porque influyen variados motivos interpuestos para que ellos se diluyan en el sendero de lo imposible. La soledad geográfica, las distancias interpuestas, la ausencia de salud, problemáticas de situaciones económicas y de organización familiar, todos son referentes que pueden atraer la negación de una conquista, sepultando las ilusiones.
Lógicamente, participa la capacidad para aprender con lentitud o presteza, el interés o la negación frente a cualquiera de las áreas escolares, incluso el trabajo como aporte necesario dentro del núcleo familiar desde la infancia. Todas facetas que pueden silenciar o aniquilar los sueños que una vez aletearon en el espíritu más ilusionado.
Pero allí, en el corazón o bajo la capa tenue de los sueños, que aún laten suaves pero tenaces, acechando, perviven aquellas quimeras de la niñez. ¿Y cuándo damos rienda suelta a lo soñado, allá lejos en el almanaque? ¿Cuándo haremos en el presente lo que no pudimos en el ayer?
Alguna abuela, viuda, aún activa para la casa, cordial y comunicativa, ha decidido pertenecer en el mañana a cualquier escala de lectores y sabe que debe iniciar hoy el camino de la lectura. “Con los números y cuentas no tengo problemas”, afirma, convencida. Y así entrará en un mundo mágico, feliz ante cada nuevo paso, confiada en lograr la meta anhelada. No hallará escollos porque su firmeza la conducirá por el sendero de logros permanentes. Un ejemplo digno de ser imitado.

