Sunchales inicia el 2025

El regreso a casa después del encuentro familiar tan grato, inolvidable, donde congregamos los rostros de nuevos familiares que se acoplan a nuestro apellido y la exultante imagen pequeña de quien provoca el crecimiento de la familia nos hizo sentir muy felices, maravillados y orgullosos, todo atesorado en una fecha memorable para despedir el año marcando hitos ponderales en la cepa que nos envuelve con amor.

Luego, detrás quedaban los capítulos de emociones, abrazos y festejos, mientras la ciudad nos recibía con un silencio inusitado, revelador de la continuidad de los brindis, charlas y abrazos bajo la calidez del nido familiar. En el cielo, la bravura de una tormenta se insinuaba hacia el oeste, presagiando un inicio incierto y vulnerable para el 2025.

No fue así. Revivir a través de la memoria las grandes emociones recientes nos impidió que Morfeo iniciara la consumación de su hábito para sumergirnos en el reposo después de las experiencias tan intensas, hasta que nos rendimos guardando en mente y corazón la fortuna familiar.

La mañana mostró un Sunchales en iguales situaciones, pero con descanso quizás reciente, apenas iniciado, atesorando las jóvenes vivencias sobre la blancura de una almohada. Finalmente, la tempestad amenazante fue solo eso, una intimidación diluida dentro de las primeras horas del recién nacido 2025.

Continúa el gris y un cielo aprisionado por los nubarrones. Siendo verano, lo apreciamos como refrescante y prometedor, aunque sea efímero. Un 2025 que arribó con todo su bagaje de ilusiones para llenarnos el corazón de entelequias que seguramente se convertirán en firmes realidades, conforme a las peculiaridades de nuestra ciudad y todo el bagaje de su médula humana prolífica, esencialmente.

Allí, el almanaque nos muestra sus expectativas. Corresponde a quienes la amamos trazar el diseño y la continuidad del mañana. Una planificación que consiste en un conjunto de objetivos interrelacionados y coordinados. ¿Esfuerzos? Sí, pero con resultados maravillosos como los logrados en forma continua desde 1886, cuando el agrimensor Carlos Steigleder trajo desde Santa Fe los planos debidamente autorizados.

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