
Con el resultado puesto, se ve que el goleo repartido del local sostuvo el triunfo, junto a la aparición de algunos aportes desde el banco que descomprimieron momentos complicados para la ofensiva local. Es que el principal mérito de la visita fue el de imponer su ritmo de juego desde el arranque.
Se notaba que Libertad estaba molesto, incómodo, sin poder hacer circular la pelota y con un Robert Battle que rápidamente acumuló dos faltas personales, lo que lo marginó del juego, obligando a una rápida rotación a Fabio Demti. En los Bandeños, Gray y Moldú hacían jugar a sus compañeros y Hardin se imponía en el poste bajo haciendo que se adelantaran en el tanteador.

Recién en el último segmento apareció la combinación de buenas ofensivas y dura defensa del Tigre para sacar una luz tranquilizadora (ganando 21-12 el Cuarto) y teniendo el tiempo como aliado para cerrar a su favor el partido por 85-75, aprovechando el lógico nerviosismo de Olímpico que por primera vez se alejó del plan original para forzar un resultado que nunca llegaría.

