(Por: Diario Castellanos) – Es bien conocido en la región el impacto que producen los fenómenos climáticos, en especial inundación y sequía, no solo en las áreas agrícolas sino también y especialmente en los sectores dedicados a la ganadería y a la producción de leche. Sin embargo, existen muy pocas o ninguna alternativa para la cobertura de esos riesgos: el 95% de las coberturas de una treintena de compañías aseguradoras que comercializan productos para el agro está focalizado en las pérdidas patrimoniales que ocasiona la caída de granizo.
Frente a esa realidad, el INTA -a través de su Estación Experimental Rafaela- y la cooperativa Sancor Seguros están trabajando en el desarrollo de alternativas de cobertura de riesgo climático y de márgenes, una herramienta que puede ser clave para dar sustentabilidad al sector lechero.
En la tarde de ayer se hizo una presentación de este desarrollo. A instancias de la Mesa de Productores Lecheros de Santa Fe (Meprolsafe), la Lic. Laura Gastaldi, del INTA Rafaela; y el Ing. Agr. Sergio Montini, de Sancor Seguros, tuvieron a su cargo la presentación de estos instrumentos de gestión de riesgo que, según explicaron, están orientados a facilitar el desarrollo competitivo de la cadena láctea a partir de un concepto diferente al de los seguros tradicionales. Mientras estos apuntan a cubrir los daños patrimoniales que ocasiona un fenómeno determinado que perjudica el desarrollo de la producción, el modelo sobre el cual trabajan Sancor Seguros y el INTA se denomina de «cobertura paramétrica».
El dato principal es que en este caso la protección que se brinda al asegurado es contra una pérdida asociada a un índice medido por una institución idónea, neutral e imparcial. Se establece una relación directa entre el evento cubierto y la pérdida de ingresos sufrida y se establece un valor de índice que es crítico para la producción o economía afectada, y valores superiores a ese índice disparan la cobertura.
El sistema es explicable con ejemplos concretos y tiene condicionamientos, por eso se encuentra en una etapa de desarrollo y no está disponible en el portafolio de productos de las aseguradoras. Por ejemplo, un productor tambero podría tomar una cobertura de riesgo por inundación o sequía. Se toma en cuenta un rango de lluvias consideradas «normales» y la incidencia de eventos extremos de lluvias, según un modelo diseñado a partir de ventas de leche de 300 tambos durante 17 años y en base a un índice de precipitación estandarizado (IPE). Tomando como referencia los valores recogidos por la Estación del Servicio Meteorológico Nacional más cercana, la cobertura se dispara automáticamente cuando el milimetraje supera el rango establecido para una producción lechera normal. O cuando perfora el piso mínimo necesario para el desenvolvimiento normal del establecimiento. El porcentaje de la indemnización al productor cubierto por el sistema varía de acuerdo a la intensidad del fenómeno de sequía o inundación y se aplica directamente sobre el volumen de ventas declarado.
Ventajas y desventajas
El sistema tiene ventajas y desventajas, como quedó dicho. La principal ventaja es que resulta más económico, por varios factores. En primer lugar, los seguros tradicionales son más caros porque requieren peritajes e inspecciones «in situ» en el lugar afectado. Pero además, porque existe lo que se denomina una «selección adversa» y un «riesgo moral» que se incorporan como costo al valor de las coberturas. La selección adversa se da porque hay productores que saben que enfrentan mayores riesgos de sufrir efectos de eventos climáticos determinados y por eso se aseguran contra ese riesgo. Para el productor es una buena precaución, pero para el asegurador implica un costo más elevado. El «riesgo moral» tiene que ver con la decisión del productor de abandonar las buenas prácticas agropecuarias, en la seguridad de que está cubierto contra los riesgos que pueden devenir de sus malas decisiones. «No invierto todo lo que necesito, porque total si pierdo lo paga el seguro», sería la frase que resumiría el tema.
Como las coberturas «paramétricas» se disparan automáticamente y en base a datos incontrastables (aportados en el caso que se presentó ayer por las estaciones meteorológicas del SMN), estos riesgos no se corren, porque el productor siempre está obligado a actuar de acuerdo a sus mejores conocimientos y decisiones.
Sin embargo hay una desventaja muy clara e importante. Como la indemnización se paga por el valor del índice sin necesidad de verificar el daño, puede cobrarse el seguro sin que haya pérdidas de producción o económicas; y puede no cobrarse aunque haya sucedido un desastre productivo. Además, la cobertura solo podría extenderse, en el modelo que analizan INTA y Sancor Seguros, en un radio de 30 kilómetros en torno a las estaciones del MSN, que son muy pocas aún en la provincia. Una está en Rafaela.
Entonces, podrían darse estos casos: en la Estación del SMN caen una determinada cantidad de milímetros por encima de los parámetros indicados en la póliza. Pero en el tambo asegurado la lluvia es menor, o fue igual pero no afectó a la producción. Se activa la cláusula y se paga la indemnización. Al productor el dinero le viene como un adicional inesperado. Pero puede pasar lo contrario: la estación registró un volumen de lluvia normal, pero en el campo del productor asegurado cayó un diluvio, se obstruyeron los canales, se le rompieron los caminos internos, se le cubrió de agua la alfalfa y…no recibe nada.
Hay experiencias internacionales de coberturas de riesgo por «índice verde», sobre todo para planteos de ganadería sobre base pastoril natural y tomando como referencia imágenes satelitales, pero en la región no sería aplicable dada la diversificación de la actividad agrícolo-ganadera. Por ejemplo, un monitoreo satelital de un campo con rastrojo de maíz lo confundiría fácilmente con una zona de sequía.
La propuesta de cobertura que todavía están desarrollando el INTA y Sancor Seguros -se deben cumplir varios pasos para que pueda ser comercializada, especialmente ante la Superintendencia de Seguros de la Nación- también incluye alternativas para coberturas de margen económico -que no debe ser interpretada como una garantía de precios sostén- y también una combinación que incluye ambas variables: el margen económico y el margen económico ajustado a lluvias.

