[adrotate banner=»33″]
Sunchales, octubre de 1930.
Aparición del nuevo Ford
Constituyó toda una novedad en el pueblo la presentación de un nuevo Ford en la agencia de Don Luis Siccardi. Desaparecía de este modo el Ford «T» de bigotes, reemplazado por otro totalmente distinto de cuatro cilindros, con arranque eléctrico, cuatro marchas y el vidrio del parabrisas inastillable. Toda una innovación revolucionario en 1929-30. Había tres modelos: el Sedan, el Coupé de Luxe y la Voiturette.
Muchos recordarán por allá en 1914 las peripecias sufridas con los primeros Ford «T» (radiador de bronce) denominado popularmente «de bigotes». Se lo llamaba así porque debajo del volante había dos manecillas a manera de bigotes, una de las cuales servía para el avance del magneto regulándole de tal manera que debía colocarse en su punto exacto a fin de que tirara bien. Era peligroso avanzar demasiado la manecilla, porque entonces, el motor arrancaba al revés pudiendo estropear la mano o quebrar el antebrazo del conductor al revezarse la manija de arranque.
Además, en invierno, por las mañanas muy frías, era una proeza hacer marchar el motor. Se estilaban distintos métodos: volcar una pava de agua hirviendo en el radiador; si no daba resultado se aconsejaba «levantarle una pata» vale decir, una rueda trasera con el gato a fin de que actuara como volante; si esto fracasaba, entonces, había que empujarlo o arrastrarlo un trecho con la cincha de un caballo y por último, como recurso desesperado, se empleaba un vocabulario más o menos reservado si había damas presentes, más un puntapié y sorpresivamente el Ford «T» barrero y roncador, iniciaba su trote con dos cilindros en marcha, luego tres y por último sus cuatro platinos funcionaban normalmente, hasta la última gota de nafta, sin detenerse por ningún obstáculo interpuesto en su camino. Poseía la ventaja de que, tanto iba con nafta de cualquier octanaje, como lo mismo carburaba querosén o con alcohol desnaturalizado.
Trastornó social y comercialmente todo el campo, reemplazando a la volanta.
Funeral
Al cumplirse el primer aniversario del fallecimiento de la Sra. Salvadora Saralegui de Rodríguez, su esposo Don Antonio y sus hijos Carmen, Salvadora, Segunda, José, Manuel, María, Amparo y Milagro, invitan a sus relaciones a un funeral que se rezaría en la iglesia San Carlos.
Viene al caso recordar que Don Antonio Rodríguez, fue uno de los primeros pobladores de Sunchales, llegado en 1886, juntamente con su cuñado Don Antonio Saralegui, hermano de la finada Doña Salvadora, abriendo ambos un negocio de tienda y almacén en la esquina de calle Independencia, frente al Cine Avenida. Don Antonio Rodríguez, junto con Francisco Vagliente y Antonio Saralegui, ayudados por Don Carlos Steigleder, arrastraron en 1887, mediante una yunta de bueyes, el cañón, desde las ruinas del Fuerte hasta el centro de la plaza.
Don Antonio Saralegui, posteriormente adquirió campos en el departamento San Cristóbal, fundando el pueblo que lleva su nombre, sobre el F. C. General Belgrano.

