REP XV – Mussolini, presente en la Sociedad Italiana local

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Sunchales diciembre de 1931.

Sociedad Italiana
Renovó su Comisión Directiva para el corriente año 1931. Por voto directo fue electo Presidente el Sr. Alfredo Rotania; Vice, Esteban Panero; Secretario, Ermildo Moggio; Prosecretario, Joaquín E. Donato; Tesorero, Agamante Martinuzzi; Vocales, Francisco Alesso, Alejo Moretto, Aldo Gavioli, Juan Audagnotti, Manuel Ramella, David Tomasso, Juan Cuniberti y Lorenzo Monteferrario.

Se recuerda una asamblea general de socios de la institución precitada, en cuyo seno se presentó un emisario de Benito Mussolini, recomendado por la «Federazione delle Societá Italiane», con la orden, pues así lo entendieron los presentes en la reunión, de afiliarse al partido político del Fascio, so pena de que ninguno de ellos podría viajar a la madre patria, sin un salvoconducto especial; que se pusiera el retrato del Duce en el salón bien visible y se enseñara el himno de las legiones fascistas.

Esteban Panero tomó la palabra y en breves conceptos le explicó al comisionado proponente, que la sociedad tenía el carácter de mutualista y no era una agrupación política, por lo tanto se oponía a aceptar los consejos propuestos. Pedro Arbitelli sostuvo los mismos argumentos agregando que, la Federazione delle Societá Italiane, no podía aconsejar ni imponer normas ajenas al espíritu de la confraternidad Italo – Argentina y contra los postulados de los estatutos societarios; que los socios en el seno de la institución carecen de color político, por prohibirlo el reglamento, lo cual no obstaba para que cada uno fuera del seno social, pensara libremente sobre el fascismo. David Tomasso, expuso las mismas razones, rechazando las ponencias del emisario y repudió la intromisión de Mussolini en los asuntos de la colectividad italiana en el país.

Por unanimidad de votos fueron rechazadas las propuestas del emisario del Duce y repudiadas sus amenazas.

Sin embargo, Domingo Ramella fue lo mismo a Italia con su señora, sin tropiezo alguno.

Y contaba, después, don Domingo a su regreso: Fuimos una mañana con mi señora a la plaza principal de Torino, para presenciar la visita del Duce a la ciudad. Mucha gente, muchas fanfarrias y bandas de música, cantos y estribillos fascistas y desfiles de banderas de todas las naciones. De repente, don Domingo ve la bandera argentina y entonces conmovido, con el impetuoso entusiasmo de su corazón sincero, brillándole los ojos de alegría, exclamó en alta voz, tomando del brazo a su señora, ¡Mira… varda li… la nostra bandiera… qué bela está nostra bandiera!! y luego, como reflexionando y bajando el tono de su voz, exclamó ¡Cristu, se mi sun italián! Este relato lo escucharon muchas personas de los propios labios de don Domingo.

La moda femenina
También las niñas sunchalenses solían adaptarse a las modas de la época, presentándose encantadoras. Se usaban las mangas ensanchadas entre el hombro y el codo, se estilaban las capas cortas, estilo obispo, los sacos y los vestidos ya no tenían la rigidez rectilínea y se ceñían a la cintura con un cinturón, exaltando la silueta; las polleras se iban insinuando un poco menos, debajo de la rodilla, los cuellos eran amplios y con tiras de pieles en invierno.

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