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Resumen del libro: «Apuntes para la historia de Sunchales», de Basilio M. Donato.
La primer escuela
La primer escuela oficial habida en el Fuerte de Los Sunchales, se creó durante el gobierno de Don Simón de Iriondo, en enero de 1871.
Don Carlos de la Mot, belga de nacionalidad, había firmado con el gobierno provincial el 18 de mayo de 1868, un contrato de colonización de las tierras circundantes del Fuerte de Los Sunchales, comprometiéndose traer cien familias de campesinos europeos, hábiles para la producción agrícola.
Setecientos quince agricultores comenzaron a cultivar a fines de 1869 y primeros meses de 1870, las suertes de chacras que el administrador Dr. M. Fablet les había asignado, esperanzados en obtener excelentes cosechas, debido a la fertilidad del suelo.
La mayoría de los inmigrantes traídos, estaban constituidos por un conglomerado de gentes acercadas de Italia, de franceses incómodos en Argelia, suizos, españoles, alemanes, belgas, ingleses y ubicados unos 12 criollos, de costumbres tan diversas, de maneras sociales tan diferentes, chocando lo culto con lo rudo, la inteligencia con la ignorancia, la buena fe con la mala intención, sin poderse entender por el habla, desconfiándose los unos de los otros, por la diversidad de medidas de peso, valores, ya que circulaban monedas de pesos fuertes nacionales, bolivianos de plata, moneda de papel de Entre Ríos, Córdoba, Tucumán, etc. Todo aquello constituía una suerte de Babilonia, que el Juez de Paz, destacado en el lugar, comprendió que para mitigar un poco las costumbres de esas gentes, lo mejor era conquistar a la niñez instruyéndola en el concepto de patria, dándole las nociones elementales de la escuela primaria.

A tal fin, el Juez, Don Fermín Sosa, fue a Santa Fe a visitar al gobernador Don Simón de Iriondo y solicitarle la creación de una escuela para instruir a unos 30 niños que no recibían ninguna atención y podían ser en el futuro, extranjeros en la propia tierra en que habían nacido.
Propuso para ocupar el cargo de preceptor escolar, al vecino Eugenio Meert, quien de inmediato fue aceptado.
Desde enero de 1871 a fines de marzo de 1872, Don Eugenio Meert, ejerció su noble ministerio educando a una treintena de niños, ninguno nacido en el Fuerte o la Colonia.
Pero a fines de marzo del ’72 se produjo el éxodo de la Colonia y del pueblo, por el pánico colectivo producido por el amago de un malón de indios, cosa que no aconteció.
Don Guillermo Wilcken, en su informe, hace una descripción patética de este éxodo, solo comparable a las escenas dantescas de un drama cinesco. Tras la caravana de miles de colonos aterrados, fuese Don Eugenio Meert, quedando solo el Fuerte con su normal guarnición.
Lástima grande, decía Wilcken, que solamente la cobardía pudo disolver una Colonia que sumaba en la fecha 1.200 habitantes. Como complemento se cita la siguiente circunstancia. Viendo el Juez de Paz Don Fermín Sosa que el preceptor no percibía en un año de ejercicio su sueldo convenido en 30 pesos fuertes mensuales, dirigí una nota al Gobernador Iriondo, rogándole ordenara el pago. Meert pudo cobrar en Santa Fe.

