Cuando perdemos a un amigo – Recordando a Julio de la Cruz

(Por: Chela y Adrián Lamberti) – Es intensamente doloroso despedir a un familiar cercano, ubicándonos frente al desprendimiento definitivo para el cual no estamos preparados, porque nos ilusionamos previamente imaginando una mejora, una superación en los vaivenes de la salud. Cuando perdemos a un ser tan próximo nos rebelamos, nos sentimos heridos en la sensibilidad más íntima sustentada por los lazos sanguíneos. Pero el dolor extiende sus tentáculos abarcando amigos, compañeros, vecinos, todos aquellos que tuvieron contacto y han gozado de la compañía y las virtudes de quien parte de este mundo.

Julio de la Cruz deja grabados en la memoria colectiva los dones con que fue dotado para ser buen hijo, honorable amigo, buen alumno, excelente esposo y padre feliz de varios hijos. Las calles de la ciudad extrañarán en su trajinar cotidiano el rodar de su bicicleta, la figura firme sobre el asiento, la blanca cabellera sorteando vientos, soles o lloviznas en cada jornada del calendario para cumplir con su trabajo. Muchas familias de Sunchales ya no contarán con su visita mensual en busca de un compromiso asumido con alguna institución de bien público.

El Día del Amigo en julio y el cumpleaños de mi hijo mayor en febrero son fechas convocantes para que los lazos de la amistad se liguen alrededor de una mesa familiar en mi casa. Este año Julio no pudo ser partícipe porque el día anterior se hallaba luchando por su vida, aunque todos reunidos lo sentimos presente en nuestra memoria y en los corazones.

Cuentan de él que fue activo y sobresaliente deportista, incansable y perfeccionista. Acabado el secundario, el firme objetivo para su futuro era cursar la carrera hasta obtener el título de Profesor de Educación Física, finalidad que no pudo encarar debido al dictamen de la revisión médica, relacionado con su corazón.

Sabemos, quienes hemos pasado por similares pérdidas, que jamás se van de nuestro lado. En la memoria persisten cada gesto, cada palabra, cada acción de vida, acompañándonos en nuestro diario trajinar. Lo mismo acontecerá con sus amigos, porque la base sólida de una relación sana perdura en los calendarios.

“La buena amistad subsiste en el tiempo, el silencio y la distancia”, expresa una frase reconocida. Especialmente, cuando perdemos a un amigo y quien parte deja profundas huellas en los hondos sentimientos de quienes lo rodearon.

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