El día del inmigrante italiano en honor a Belgrano

El 3 de junio, se celebra el día del inmigrante italiano en la Argentina, recordando el nacimiento de Manuel Belgrano, máximo referente de la colectividad, hijo de inmigrante. Poco se sabe de la familia de Belgrano, pero pica la curiosidad el hecho de que la sociedad de italianos eligiera esa fecha para recordar al inmigrante.

El padre de Manuel se llamaba Domingo. Fue un comerciante autorizado por el rey de España para trasladarse a América, llegó a Buenos Aires en 1753.​ Fue parte de los comerciantes opulentos que lograron el establecimiento del Consulado de Buenos Aires.

La madre, María Josefa había nacido en la ciudad de Buenos Aires, pero era descendiente del conquistador, explorador y colonizador español Domingo Martínez Irala. Sus antepasados tenían un origen mestizo guaraní.

Argentina recibió inmigrantes de varias naciones. Italia, junto con España sin embargo marcaron diferencias en cantidad. A los segundos les ayudaba el idioma, a los primeros, no.

De todos modos, los italianos, llamados gringos por antonomasia, son la imagen de la pala clavada en el terrón, el sudor rodando las mejillas, la mirada esperando la cosecha. El inmigrante italiano, sobre todo en esta zona santafecina es símbolo de trabajo, de conservadurismo, de ahorro. Rápidamente se unieron con los nativos. Unos y otros fueron copiándose hábitos y rutinas. Hubo matrimonios entre ellos, manera perfecta de unir las esencias de cada estirpe.

La mayoría de nosotros tuvo un antepasado que cruzó los mares y se afincó en estas tierras porosas cuyos descendientes unieron sus vidas a criollos o criollas.

Fueron luchadores. Hombres y mujeres codo a codo laboraban la tierra, criaron animales, más adelante, concibieron el tambo como otro medio de producción. Les costó pagar los terrenos que les dieron en arriendo; unos lograron tenerlos; otros nunca lo lograron. Tuvieron que hacer otras tareas: panaderos, carniceros, zapateros, y tantos otros que el tiempo consumió y la tecnología modificó.

Escena de trilla, año 1906 (Museo y Archivo Histórico Municipal).

Los inmigrantes italianos dejaron profundas huellas en el territorio argentino: sus costumbres, sus dichos, sus expresiones, sus comidas, así como los dialectos, sobre todo el piamontés que se arraigó en la zona y dejó secuelas en el idioma español. Se oye a menudo todavía, aquí y en los alrededores, el “Ma va…” como expresión que desestima o inquiere. “Me voy en casa” por el “Voy a casa”, pero la inigualable es la exclamación: “Altroqué” (altroché) palabra que traducida al español es el simple: “otra cosa que” u “otra que”, pero preferimos el legado italiano sostenedor de la descendencia. A veces, me admiro cuando lo escucho en boca de amigos sin ascendencia italiana, pero a quienes se le ha pegado la palabra por alguna relación con familiares.

“Altroqué”. La usamos como afirmación, como palabra que cierra un diálogo aseverando el contenido. A veces creo que pronunciarla da una sensación de seguridad como si después de ella no hubiera lugar para otra cosa. Es una expresión que hermana a los inmigrantes con los nativos.

Que el día del inmigrante honre el nacimiento de Manuel Belgrano, es también paradigma de un fenómeno social que abrazó a la Patria. La mezcla de italianos con hijos de argentinos.

Mucho se ha dicho de ese colectivo diverso que pobló la pampa argentina, que hizo de este país el granero del mundo, pero pocos supieron de sus tristezas mezcladas con coraje y convicción.

Les dejo un homenaje a los rudos inmigrantes italianos dentro del cual incluyo a mis abuelos.

”… Por ellos flamearon los rubios trigales / banderas de suelos pródigos en pan.
Poblaron con hijos los espacios vanos / con voces de Italia / con cantos del mar
y dieron el oro de ricas cosechas con llantos con risas y un modo de orar.”

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Griselda Bonafede

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