Las cosechadoras de Sunchales – Parte 17

Capítulo VII – Algunas reflexiones

Realmente este trabajo de investigación, leer las historias de los autores que se citan en el libro, las entrevistas con integrantes de las familias Rotania y Alasia, y los testimonios de los que de una forma u otra han estado vinculados con la actividad, no deja de sorprenderme la inteligencia y espíritu laborioso de aquella gente; y que con tan pocos recursos, solamente con la «imaginación» y el «sentido común» han hecho cosas que hoy a la distancia nos da la pauta que fueron «Personas Extraordinarias que lograron cosas comunes y/o necesarias para utilizar en la época», pero por la sencillez de sus vidas y la trascendencia y repercusión de sus hechos, se advierte que han sido «Personas Comunes que han hecho las cosas Extraordinariamente bien».

Hoy día si nos dejamos llevar por las noticias y las tendencias, se nos presenta un mundo sombrío, con grandes diferencias sociales, muchos países condenados a la pobreza y sin ninguna posibilidad de desarrollo, amenazantes con grandes catástrofes bélicas y otros flagelos terribles como la pobreza, la drogadicción, etc. Es como si realmente costara mucho o no valdría la pena procurarnos un mundo mejor.

También se da la paradoja que el excesivo confort y las mejores posibilidades de poseer muchos elementos materiales para utilizar, no nos garantizan mayor felicidad o realización; y antes con muy pocas cosas, quizás se tenía una vida más plena, menos conflictiva, y expectantes a cada mejora o confort que surgiera para disfrutarlo en la máxima dimensión.

Con la ayuda de los sociólogos, al analizar la humanidad y la época en que vivimos, nos obliga siempre a realizar una mirada al pasado y algunos modelos de vida, dándonos la triste sensación de que si bien había muchos problemas y muchas carencias, la gente vivía mejor o con menos conflictos.

Quizás no sea tan así, porque la naturaleza humana en la mayoría de los casos cuando siente una sensación de angustia le parece que otro estadio de la vida ha sido mejor, pero lo que sería importante es recuperar o reciclar ciertos paradigmas que nos instalen en una sensación romántica de ver, valorar y gozar las cosas de la vida, y una de las formas sería tener convicciones, perseverancia, fe y mucho sentido común, para luego llevar a la práctica -en forma inmediata- nuestros proyectos o emprendimientos, «toda acción comienza a ser posible cuando nos ponemos en marcha», o como bien lo dice el sabio principio bíblico: «Levántate y anda».

Hay cuestiones que en nuestro país y en nuestra economía debemos resolver, y a esta altura de los tiempos no nos quedan más gobernantes, dirigentes, corporaciones, multinacionales, bancos, etc. a quien adjudicarle la responsabilidad o echarle la culpa de nuestras angustias, nuestra impotencia, nuestra situación o imposibilidad de las realizaciones.

Es como si tuviéramos mucha competencia en todos los rubros, y quizás la mayor competencia que tengamos en la mayoría de los casos, sea nuestra propia incompetencia de no tener la voluntad o predisposición de sustentar con hechos nuestros ideales.

Cuesta entender un mundo tan consumista de bienes materiales y tecnológicos (no hay cosa que no aparezca en el mercado, como teléfonos, orientadores satelitales, etc. que gran parte del mundo se transforme en demandante y masivo consumidor), y en la zona donde habitamos (rica cuenca lechera y excelentes praderas a pesar de factores climáticos) que estamos bendecidos por la gran riqueza de recursos naturales, gente laboriosa e inteligente, infraestructuras modernas, capacidad de distribución (con salidas por varios puertos), no podamos lograr valorizar y colocar con facilidad nuestros productos en el mundo, más aún tratándose de elementos de alta demanda como las proteínas y los alimentos.

Pero es cuando ya no se puede esperar más de quienes se debe esperar, se debe salir de la inercia e ir hacia un progreso, como decía el ex presidente de EE.UU., John Kennedy: «no preguntemos qué puede hacer el Estado por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por el Estado», pues bien subordinemos el sistema democrático al servicio y necesidad de la gente; conociendo más nuestra región, participando más en entidades intermedias, eligiendo, comprometiendo y exigiendo a los representantes políticos para que legislen y encausen las políticas para beneficio del sector, y además «valorar, potenciar y querer lo que tenemos y no lamentar lo que no disponemos o nos es negado».

Nuestro país debe mantener el rol de agroexportador, pero adecuado a los tiempos modernos, es decir no como meros productores de materia prima y comercializarla con poco valor agregado, sino por el contrario sacar los productos elaborados desde nuestros campos instalando industrias. Tenemos las mejores carnes del mundo, por lo tanto deberíamos lograr que el «bife» ya salga empaquetado de nuestra región y trasladado directamente a los puertos, y que las áreas comerciales logren fomentarlos para que los paladares del mundo lo adopten y comiencen a demandar con mayor intensidad este valioso producto con alto valor nutritivo y de esta misma forma con los restantes elementos que fácilmente podemos producir.

En nuestra región existe un valioso ejemplo para destacar, que es «SanCor», este esquema cooperativo ha sido un importante polo de desarrollo de nuestra región, que surgió también por la imperiosa necesidad de crearla porque había que contrarrestar los intereses mezquinos, individuales y monopólicos que desvalorizaban, para beneficio de unos pocos, el valor del producto y de quienes lo procuraban.

Esta reacción logró tan tamaña evolución que la cooperativa «SanCor» y demás empresas que les ha dado vida, han trascendido las fronteras de nuestro país y han jerarquizado una región, y por consiguiente el bienestar de la gente.

Por ello, querido lector, gracias por la dedicación y el tiempo que ha puesto en leer este libro, y me alegraría mucho que se quede con la convicción de que el progreso no se trata de una utopía, una cosa abstractca, inalcanzable, sino por el contrario, es como la felicidad, se puede alcanzar pero no es una meta, es una travesía y la verdadera esencia y gozo está en el esfuerzo y dedicación para lograrla. Se dice que el éxito es lograr lo que uno se ha propuesto y esos logros producen la felicidad.

Fin.

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