La fecha despierta mi evocación y repaso con la mente y el corazón la nómina y las acciones de todas aquellas mujeres que conforman mi historia personal, en el pasado y en el presente. No conocí a mis abuelas; de María Theiler, fallecida a los 35 años, con cinco hijos de apellido Roldán, ni un retrato poseo pero sí recuerdo la voz de mi padre cuando me contaba sobre ella, descendiente de suizos-alemanes y según su opinión, muy parecida a mí.
De mi abuela materna, Jacinta Blangini, atesoro la fotografía en sepia donde mi madre, Juanita Schiavi, de pie, se apoya en ella con larga cabellera rubia, como mi nieta Sofía. Una madre dulce, sencilla, confidente y dedicada a enaltecer su apellido, la familia y la amistad. Su soporte fue permanente, junto a mi padre, sintiéndose orgullosos ambos de mi hábito por la lectura y la escritura; acompañando con verdadero esfuerzo económico mis estudios para ser docente. Abuela amorosa de quien tomé el ejemplo para dedicarme a mis seis nietos.
Tías y primas de la rama Schiavi conformaron un auténtico oasis que nos regalaban con visitas, juegos compartidos y los gestos a la vez de anfitriones pródigos, cordiales y generosos. Las distancias fueron luego aquietando los encuentros pero quedaron firmes los lazos y el sentimiento consolidado que nos otorgaba la sangre familiar.
Los vínculos con las amigas de la infancia y de la juventud en el pueblo venerado permanecieron intactos hasta que algunos destinos aciagos me privaron de sus compañías. Dos amigas íntimas reciben hoy mis rezos y la ofrenda de las flores, mínimos gestos que sumo a las oraciones. Pero Sunchales, la ciudad generosa que me alberga desde hace más de cinco décadas me reunió con otras familias; entonces Claudia Ghione, hija política, y su madre Delfina pasaron a ensanchar los lazos de cariño auténtico.
Las Comisiones comprometidas de la comunidad me contactan con mujeres laboriosas, entusiastas y emprendedoras. Desde hace varias décadas vamos hilvanando nuestros proyectos en armonía en el área de la cultura, la acción social y también por la unidad de los maestros jubilados, que aún diseñan y cristalizan objetivos en beneficio de las escuelas y de la ciudad en general.
En el ámbito de la amistad por el placer de encontrarnos, compartir, celebrar y confraternizar, reina la camaradería, los encuentros frecuentes, las confidencias, la celebración de los cumpleaños. Se desdibuja así la soledad y cada una se enriquece con el calor de la amistad porque la disfruta. Como hacía mi madre, seguí sus pasos ubicando la compañía de amigas en un altar.
El poema “Cordón/Raíz” que le dediqué hace tiempo decía:
Para cumplir su Pascua
mi madre me trajo en Jueves Santo.
Cordón raíz de nueve lunas
tejido en sangre enredadera.
A trepar el mundo
a dialogar la Vida
a tender los sueños
y escribir la piel de los relojes
cubiertos de permanencia.
Ahora soy este árbol
donde gotea el alba de los años
y las aves en la memoria
edifican nidos de herencia
para la madurez de los granos.
Al gozar mi Pascua
deposito plegarias por ella sobre la mesa
y un salmo de voces nuevas
enciende antífonas de Vida.


