[adrotate banner=»33″]
Sunchales, febrero y marzo de 1938
Fábrica de manteca
Se decía, en estos momentos, del proyecto de instalación de una fábrica de manteca, que Juan B. Mitri no fue el precursor de las cooperativas tamberas; que ya en sus tiempos, existían en el Departamento Las Colonias algunas de ellas; que en Moisés Ville, «La Mutua» daba la exacta idea, el mejor entendimiento de lo que podía ser «cooperación agraria»; que la Cooperativa Tambera de Rosario podía absorber toda la producción lechera de Sunchales, en fin, lo de siempre: los hombres con iniciativa y sus detractores.
Lo que era difícil hacer entender a los colonos era que Mitri alimentaba otro ideal: «ir más allá de la simple cremería». Tenía su forma de ver, razonar y comprender cuáles eran las reales necesidades del tambo y cuáles los remedios más inmediatos que requería el tambero en su medio vecinal.
En todas partes solía exponer su tesis con pocas palabras, pero bien medidas y de sentido práctico. Mitri hacíales comprender ante todo, que era urgente formar su cooperativa lechera, tener su cremería; luego, federarse y bregar ellos mismos en conjunción con otras similares, para poseer su propia fábrica de manteca, librándose de esta suerte de los especuladores que les fijaban arbitrariamente los precios de la grasa butirumétrica y caseína conforme con una fluctuación ficticia del mercado consumidor.
Ofrecer ellos su producto al precio fijado por la asociación de tamberos en lugar de aceptar un precio por la producción con pasiva resignación.
Para conseguir estos propósitos, Mitri viajaba; visitaba a los colonos, explicaba, proponía, sugería y presentaba pruebas de los magníficos dividendos que estaba dando, ahora, la «Unión de Cooperativas Tamberas Limitada», de reciente formación en Sunchales y de las alentadoras perspectivas de tener pronto una fábrica de manteca. Unir las fuerzas dispersas del tambo huérfanas de orientación y protección. Ese era su fin, animado por una serena y decidida voluntad de bien político, social y económico del agro.

Comenzaron las clases
Estos eran los establecimientos educacionales que existían en Sunchales a comienzos de 1938.
Escuela Provincial N° 379; escuela Láinez N° 169; Colegio particular Sarmiento, Artes y Oficios, que dirigía Eduardo Chiarella y San José de las Hermanas Santa Marta.
Cuenta La Lucha que un niño le pidió a su mamá $ 3 para comprar todos los útiles que le encargó la maestra. La madre demostró su disgusto por tan enorme gasto en útiles escolares. Actualmente con uniformes, guardapolvos, portafolios, libros, cuadernos, colores y material de trabajos prácticos la cifra alcanza a $ 5.000 per cápita.
Los tiempos han cambiado. Ya no se usa la pizarrita, con el lápiz y la esponjita atada a su cuadro que utilizábamos nosotros en 1901.
Lamento no poseer el nombre exacto de una maestra que actuó en Sunchales a comienzos del presente siglo. Su apellido era Manso y está fotografiada con una veintena de niños, entre los cuales, está nada menos que Juan B. Mitri con su pizarrita en las manos. Y uno se pregunta: ¿Sirve para algo la pedagogía, la psicología, la paidología, la psicotecnia, la metodología, cuando un hombre como Mitri, levantó la monumental SanCor con una pizarrita, un lápiz y una esponjita? Si, vale todo eso, pero más vale el maestro y el autodidacta.

