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Sunchales, setiembre de 1937
Fábrica de manteca
Para el sábado 9 de octubre estaba anunciada una reunión en el salón del Cine Teatro Avenida, de Cooperativas Tamberas, auspiciada por la Cooperativa de Sunchales que dirigía Juan B. Mitri. Los fines eran tratar la instalación de una fábrica de manteca en el pueblo y además consolidar la naciente «Unión de Cooperativas Tamberas» pro-fábrica.
Ya había habido una reunión en este sentido, pero solamente asistieron cinco personas: Juan B. Mitri, Antonio Miretti, Marcos Dubrowsky, J. Genselovich y N. Trumper.
Juan B. Mitri y Juan Rodolfo Kropp ya se habían trasladado a Buenos Aires, a fin de asistir a las reuniones de la Asociación de Cooperativas Argentinas, con el objeto de trabar conocimiento y relaciones y de paso solicitar al Ministerio de Agricultura, el envío de un asesor para que asistiera a la reunión proyectada para el 9 de octubre.

Elecciones Comunales
El 19 de setiembre se realizaron las elecciones complementarias para la renovación de las autoridades de la Comisión de Fomento de Sunchales. Se habló de fraude, de escamoteo, de cadena y de violación de urnas y otros tecnicismos propios de nuestra idiosincracia electoralista.
La evidencia de fraude se comprobó en Ceres. El escrutinio dio 949 votos a los Justitas, 363 a los Radicales y un solo voto a los Socialistas donde el Centro de este partido había llevado a votar a más de un centenar de afiliados.
En Sunchales, no tuvo el partido Socialista el apoyo del electorado de otras épocas. El escrutinio dio 452 votos a los Radicales, 363 a los Justitas y 68 a los Socialistas.
Las langostas
La maldición bíblica de todos los años. La Defensa Agrícola se aprestó a combatirlas. Como primer providencia hizo entrega de bolsas a los colonos a fin de que embolsaran el acricidio, cuyo trabajo se realizaba al anochecer, por cuanto la voladora se amontonaba para pernoctar.
Se pagaba 0,30 la bolsa repleta. La mosquita se juntaba con un aparato denominado «Carcarañá» o se quemaban con lanzallamas que la misma Defensa Agrícola favorecía a los propietarios de los campos. Los huevos de los locústidos (langostas) se pagaban a buen precio por kilo, siempre que la Defensa Agrícola dispusiera de presupuesto, para gastos de esta índole.
El presupuesto para defensa de todas las plagas agrícolas fue siempre motivo de polémica política en las cámaras nacionales, en razón de la ineficacia de la repartición encargada de la destrucción de las plagas del agro y en cambio, devoradora de ingentes sumas con destino a mantener una burocracia de electores adictos al régimen.
Esta situación era conocida por el cantor popular Don Domingo Costi, filósofo a su manera, censor de las malas prácticas de los gobiernos, poeta «Senza Studi» como firmaba sus versos, ironista de la conducta que observaban sus coterráneos, quien al aparecer las langostas cantaba esta estrofa: «Evla Langosta noi volimo» Atenti Langostieri – Lasciátela pasare – Che vi danno da mangiare».

