REP XXXV – La invasión de locustidos

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Sunchales, agosto de 1931

Aparecen los locustidos
Noticias provenientes del norte de la Provincia, prevenían a los colonos de Sunchales que una enorme manga de langostas volaban velozmente hacia el sur y que muy pronto estarían desovando por ahí, pues estaban pesadas (servidas en criollo). La defensa agrícola, por intermedio de sus «langosteros» iba tomando sus providencias, informando de los movimientos del acridio a la sede central y disponiendo del material (latas) en caso de desove en la zona, cuya superficie se calculaba en leguas cuadradas.

Con estas latas se cercaban los campos sembrados a efecto de defender los cereales de las saltonas. Cuando la mosquita o las saltonas ya en su segunda muda, trataban de invadir el pueblo, entonces todos los habitantes, obligados por ley, debían combatirla, fueran industriales, obreros, gerentes o empleados, médicos, odontólogos, maestros o sacerdotes, pero los «langosteros» no eran muy severos para exigir el cumplimiento de esta drástica disposición y entonces aceptaban sus sustitutos que, en este caso, éramos nosotros, los muchachos de 6 a 12 años.

¡Qué alegría para todos los pibes, reemplazar a los titulares en esta tarea! Nos munían de un sombrero de paja y nos daban un palo a cuyo extremo liábamos paja y como si fuera una escoba barríamos a las saltonas echándolas contra las barreras de latas, donde de a trechos, caían en una fosa encimándose unas a otras sin poder salir de esa improvisada prisión. Allí morían al cabo de unos días.

Nos pagaban a razón de 30 centavos mediodía o un peso de sol a sol. Ya no aparecen más las langostas por Sunchales y ello se debe a que son destruidas en los lugares donde pasan el invierno, mediante la fumigación con helicópteros.

Eliminación de la langosta.

Finuras de antes
Hoy se oye decir, refiriéndose a las «chicas» sin que ello importe un agravio ni desconsideración, motes como estos: la Whisquera, la de los rubios, la amiga de Pirulo, la del Night Club, la Tipo Pistolera. En tiempos de «ñaupa», los muchachos sunchalenses también solían ponerle motes a las chicas en edad de merecer, por ejemplo: a Rosita Cipolatti le decían crisantemo; a Inés Tessio Re, rosa; a Blanca L. Mami, diamela; a Margarita Oliver, jazmín; a Aída Visconti, Fresia; a Amalia Pochón, pensamiento; a Lázara Moroni, mirasol; a Élida Cechini, clavel; a Italia Audagnotti, no me olvides; a Delia Blanc, besos de ángel; a Elsa Lombella, azucena.

Conscriptos de la clase 1911
Fueron citados para la revisión médica, los siguientes conscriptos: Visconti Dionisio, Degiovanni Andrés, Cipolatti Basilio, Alessio Luis, Ristorto Pedro, Rotania Juan, Montini José, Vardiero José, Rosso Ignacio, Agú Antonio, Molinari Alceste, Sovrano Juan, Giovenale Carlos, Giodano José, Scapino Ernesto, Zanabria Omero, Pochón Luis, Dantoni Roque, Cagliero Leandro, Kopp Arnoldo, Giraudo Antonio, Bruno Francisco, Pavón Amado, Perrone Mario y Bongiovani Francisco.

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