En el día de hoy se realizó una nueva reunión del Directorio de la cooperativa láctea, adoptando diferentes decisiones de cara al futuro de la misma. De forma extraoficial, «El Mismo Idioma», de FM 95.7, pudo conocer algunos datos que daban cuenta del hecho de que, más allá del avance, no se registrarían definiciones.
No obstante, hay dos grandes temas sobre los cuales se está trabajando: el financiamiento a largo plazo, el cual permitiría encarar de lleno el proceso de reconversión que se viene desarrollando desde los últimos días con repercusión en distintas usinas lácteas de la firma, tal el caso de Centeno, Brinkmann y otras plantas que han tenido que disminuir sus trabajos de forma temporal ante la disminución de materia prima ingresante.
El restante estaría dado en una inminente incorporación de capitales. Muchas han sido las versiones y trascendidos pero no hay aún una inclinación manifiesta hacia alguna pero si dejando de lado por ahora la posibilidad de venta.
Respecto de los proveedores, las fuentes consultadas señalaron que existe un interés en normalizar los pagos, apuntando los mismos a unos 60 días de plazo, algo que coincidiría con lo que normalmente rige en el sector privado.
Finalmente se habría llegado a un acuerdo con los integrantes de Atlara a fin de que desactiven las medidas de fuerza entregando parte de los fondos para cancelar la deuda existente.
La cooperativa láctea más importante del país vuelve a enfrentarse a su destino final
(Por: La Capital) – La magnitud del problema que enfrenta esta industria cooperativa se explica en tres pilares decisivos: la ineficiencia productiva, la falta de competitividad y el inviable negocio con Venezuela.
Sancor procesa muy poca leche en relación al tamaño de su estructura y posee una exagerada plantilla de obreros que perciben los salarios más altos de toda la cadena láctea. Es decir: uno de los parámetros en el mundo para estimar la eficiencia de una industria láctea es calcular cuánta leche se procesa por empleado. El promedio de eficiencia en Nueva Zelanda, Australia, Francia o Estados Unidos (países líderes en el sector) se encuentra en 2 mil litros diarios por empleado, mientras que en Sancor este cálculo hoy arroja unos 450 litros.
Para tomar dimensión de la debacle hay que señalar que, a fines de la década del 90, SanCor se actualizó tecnológicamente para procesar 7 millones de litros de leche diarios en toda su estructura, momento en el que se convirtió en la empresa láctea más grande del país, por delante de Mastellone (La Serenísima), que procesaba 5,5 millones de litros.
Sin embargo, nunca llegó a trabajar a pleno con su estructura y su porcentaje de capacidad ociosa se fue ampliando con el paso de los años y el advenimiento de las crisis. En la última década, la producción de SanCor se estabilizó entre 3,5 y 4,5 millones de litros diarios, los cuales fluctuaban según períodos estacionales o coyunturales.
Pero en el último año la producción de SanCor comenzó a descender drásticamente hasta ubicarse en 2,5 millones de litros, producto del tremendo impacto productivo que provocaron dos inundaciones seguidas en el centro-oeste santafesino y centro-este cordobés. Esa merma productiva, subestimada por los gobiernos provinciales y el nacional, en la principal cuenca lechera del país tuvo un impacto demoledor para los pueblos y ciudades de los departamentos Castellanos, Las Colonias y San Cristóbal.
A la caída estacional de 10 a 15 por ciento por el verano se sumó el arrastre de una asfixia financiera que desde hacía seis meses venía desdoblando el pago por la materia prima en hasta 60 días. Muchos productores (también altamente endeudados y en crisis financiera) decidieron retirarse de la cooperativa y pasar a venderles su producción a otras industrias de la zona que, si bien no pagan el valor de Sancor, cancelan con sólo 15 días de atraso.
En el último mes se aceleró la sangría y hoy la recepción de la industria está en unos alarmantes 1.800.000 litros diarios. «La remisión de leche a nuestras plantas industriales ha disminuido considerablemente en los últimos días por lo que la cooperativa decidió la suspensión de actividades en algunas de sus instalaciones industriales», reconoció oficialmente la empresa la semana pasada, ratificando la información de que cuatro plantas (Coronel Moldes, Brinkmann, Charlone y Centeno) cerraron sus puertas, paralizando a 500 empleados en total (comenzarán a negociar su desvinculación).
Hacia 2006, SanCor se vio obligada a buscar un salvataje importante. En su momento, manejó dos posibilidades: o crear una sociedad anónima y vender más del 60 por ciento de la empresa al grupo Adecoagro (George Soros) por 120 millones de dólares o seguir siendo cooperativa de tamberos y recibir un préstamo del gobierno venezolano de Hugo Chávez (con la anuencia de Néstor Kirchner) por 80 millones de dólares. Optaron por la segunda opción.
El fideicomiso conformado para el canje de leche se cumplió, pero no benefició en lo más mínimo a Sancor, que no contenta con ese convenio profundizó las relaciones comerciales con Venezuela, acrecentando pasivos por la falta de pago. Según el gobierno actual, que no está dispuesto a seguir ayudando a Sancor en estos términos, ese país le adeuda a la cooperativa unos 1.000 millones de pesos.

