Robos, hurtos, desfalcos, sustracciones, raterías, raptos, defraudaciones, piraterías, timos, rapiñas, despojos, atracos, asaltos, saqueos, pillaje, usurpar, etc. etc. ¡Qué riqueza la de nuestra lengua! Palabras para denominar objetos o situaciones agradables y también para nombrar lo malo, la escoria, la inmundicia de la vida diaria.
Día tras día vemos por la pantalla televisiva y comprobamos la profusión de raterías en las grandes urbes y la falta de protección hacia la ciudadanía honesta, trabajadora, productiva, a merced de esa lacra, el estigma que nos rodea, especialmente en barrios de la gran Buenos Aires, a merced del desamparo, la falta de policías, móviles y protección de quienes son los responsables que debieran proteger a la ciudadanía desde sus pedestales como políticos, como en Capital Federal y la provincia de Buenos Aires.
Lamentablemente, no se salva Sunchales de integrar la nómina de ciudades afectadas por el flagelo de los robos. No es solo la noche la hora elegida; ya son propicios todos los momentos de la jornada diaria, sin excepción. La última incursión sunchalense denota la entrada en el Nido, hermoso lugar rescatado del abandono, con oficinas, espacios para el deporte y el nombre de un sunchalense para rendir homenaje.
Robo de computadoras… ¡cuándo no! Aún estoy abonando las cuotas de las mías, que están en manos ajenas, manos espurias, largas y habituadas a apoderarse de lo que no le pertenece. El producto de la venta, (porque para trabajo propio no debe ser), ¿se destinará a comestibles, ropa de abrigo, etc.? Presiento que no, y sigo pagando las cuotas, además de la nueva computadora que debí comprar porque incluyó pérdida de varios trabajos comenzados. Un domingo por la tarde, sin nadie en la calle, momento muy preciso para incursionar en casas vacías (incluso con el perro presente). Aunque el mío es tan festivo, que seguramente les rindió honores a los visitantes.
¿Indagar, reclamar, denunciar? Tarea inútil. Aunque creemos saber de quién se trata el cleptómano, ¿con qué argumento nos presentamos en su domicilio? En tres oportunidades averiguar en oficinas sobre cómo siguió el trámite tampoco arrojó lucidez para dilucidar sobre el resultado de la investigación.
Extraño la pasividad de una época que incluyó mi infancia y juventud en el pueblo sereno, virtuoso, donde los robos eran circunstancias impensadas. Donde las noches de verano incluían ventanas abiertas y apenas la presencia de un perro guardián que dormía a pata suelta sabiendo que su sueño jamás sería interrumpido.
Sumamos lugares, nombres, fechas, circunstancias. Y seguimos pagando con nuestro trabajo para reponer lo que cómodamente nos llevan los “trabajadores silenciosos y nocturnos”.


