Para quienes formamos parte de la familia Dux, directa o indirectamente, aquella noche de sábado de un año atrás, no será una noche más, será la noche que, “a garrotazos”, mataron a “un buen tipo”.
Todavía hoy tengo en mis retinas cuando mi esposa desconsolada lloraba al recibir la lamentable noticia de que le habían matado a su tío, a su tío tal vez el preferido, “a su tío padrino”.
Desde ese entonces y hasta ahora me pregunté una y mil veces el por qué, porqué matar a un tipo tan sólo para robarle… no había necesidad de hacerlo, si estoy seguro que si le hubiesen pedido la plata, el tío se las habría dado. Hasta hoy me pregunto y respuesta no encontré, ni seguramente encontraré.
Cacho, el de la sonrisa jovial, el de la mano extendida, el que daba sin pedir a cambio, el del beso cálido, tierno y hasta casi paternal cada vez que llegaba a casa, Cacho, el que una noche, de un día cualquiera, hace un año atrás, quienes ya fueron juzgado por dios, en un camino de tierra, “mataron a garrotazos”.

