24 de enero: Día Internacional de la Educación

Educar al pueblo es un acto de justicia y de igualdad. El país que invierte en educación es porque ha decidido erradicar la pobreza y el hambre, mejorar la salud, y reducir desigualdad. Por otro lado, la educación es un derecho humano. Ningún hombre o mujer sobre la tierra debe quedar afuera de la educación, sin embargo, no se cumple en todas partes y sabemos que:

África Subsahariana tiene el récord a nivel mundial de niños sin escolarizar; los conflictos armados y guerras impiden que los niños asistan al colegio; los niños refugiados no tienen acceso al sistema educativo formal, alcanzando la cifra de 4 millones y otros millones de analfabetos transitan por el planeta. Nuestro país no se ha quedado atrás, lamentablemente.

Un nuevo informe realizado por “Observatorio Argentinos por la Educación” puso la lupa precisamente en la primaria y encontró que, solo 43 alumnos de cada 100, terminan a tiempo y con un nivel educativo aceptable. Cuando dicen “a tiempo” suponemos que sin repetir el grado como si educarse fuera una carrera y no un trayecto a realizar, que además es permanente.

Tomado de Infobae, el columnista Alfredo Dillon, dice que: “A nivel nacional, de cada 100 estudiantes que empezaron la primaria en 2011, 61 llegaron al último año de la secundaria en el tiempo esperado”. Datos desesperanzadores. ¿Por qué?

Los alumnos se van de las aulas y no regresan. Los que repiten son los que seguramente van camino a la deserción. Tal vez, más adelante, se incorporen a otros programas o modalidades, lo que sería plausible, pero muy pocos lo hacen.

Paulo Freire, pedagogo brasileño, considera a la deserción “como un fenómeno complejo y multicausal, en el cual se interrelacionan diversos factores de tipo social, cultural, económico, escolar y personal”. Para Freire el desertor no es el único que fracasa, también fracasa la familia, la escuela y la sociedad en su conjunto. Visto con esos ojos, cargamos sobre nuestras espaldas toneladas de fracasos como sociedad, a pesar de los esfuerzos individuales y colectivos que no alcanzan para solucionar el problema.

El libro desde temprana edad (Foto: Griselda Bonafede).

¿Qué ocurre? ¿No existe una ley que obliga a cumplir los años de primaria y los cinco o seis de secundaria? Sí, existe. La ley 26206/06 amplió la obligatoriedad hacia el nivel medio, pero las administraciones pasan y ninguna ha logrado desarrollar políticas sistemáticas y sostenidas en el tiempo con programas que erradiquen la deserción. ¿Cuáles son las causas?

Se adjudican varias causas, pero todos coinciden que los factores principales son el económico y el social. En lo económico el Estado debe ofrecer todo lo inherente a la estructura que los matriculados necesitan, pero es en lo social donde se hace agua, porque muchas familias no pueden sostener la educación de sus hijos y los mandan a trabajar, los dejan cuidando hermanos, les quitan sistematización por falta de ropa, de elementos para el estudio, entre otras cosas. Estas carencias limitan el acceso, aunque la escuela esté al frente de la casa.

Las consecuencias de una familia imposibilitada de apoyar, por las razones que fueren, son impensadas, pero existen. En estos casos y ante las carencias, se necesitan políticas de compensación que aseguren la asistencia de los niños en las aulas y que aprendan. ¿Para qué?: para lograr la igualdad y asegurar el derecho, para sacarlos de la pobreza y evitar su crecimiento.

Las sociedades han cambiado mucho. De la mano de los avances tecnológicos se han perdido recursos que otrora tenían gran validez, pero lo que no puede perderse es el valor de tener el chico o chica en el aula, en un ambiente donde su voz y su mirada tengan devoluciones. Estamos demasiado preocupados por las cantidades que debieran aprender. Debiéramos preocuparnos porque estén adentro y no en la calle o en lugares inadecuados.

Con políticas ajustadas a esas realidades, evitaríamos frustrarnos cada año o cada día por el niño o niña que “dejó de venir”. El niño que ya no viene está perdiendo un derecho y una oportunidad. Esa pérdida afectará a la sociedad en su conjunto tarde o temprano. Sumará más pobreza, más desigualdad, más frustración personal, más injusticia, más violencia, será un excluido más.

Es urgente reconocer que frente al cambio hay que responder con repuestas contundentes, adaptadas. Repetir con lo que ya fracasó, es un error. En este mundo nuevo, cambiante y global tener analfabetos, o semianalfabetos y desertores es un gran problema. Base para una sociedad sin futuro. Los responsables, ¿se harán cargo?

Malcolm X, orador, ministro religioso y activista estadounidense, ha dejado muchas frases acerca de la educación. Me apropié de una: “La educación es el motor del progreso y el desarrollo. Sin ella, estamos condenados a repetir los errores del pasado y perpetuar la injusticia y la desigualdad”.

En el día de la EDUCACION, deseo que los responsables dirijan su mirada hacia el mejor espacio para salir de la pobreza: la educación.

Griselda Bonafede


Fuentes:

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