
Dice Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.”
Cada vez que leo la frase de Eduardo Galeano, muy conocida, por cierto, asoma un torbellino de ideas que se transforman en preguntas. ¿Es la frase un estímulo para no detenerse en la búsqueda de caminos? ¿Es esta frase, un consuelo a la decepción? ¿Es una frase que pone a la ilusión como norte? O es una oración que anticipa la continua búsqueda de lo que nunca lograremos. Solo Galeano coloca en estas encrucijadas.
De lo que estamos seguros, es de que la esperanza danza por esas palabras, porque el hombre necesita tener expectativas, sobre todo en los momentos difíciles. Aunque el vocablo no me gusta porque proviene de esperar y la espera es angustiante, lo opuesto es peor. La duda, el desaliento, el miedo, desgasta, pone al límite, por eso necesitamos ese motor de ayuda que es apelar a la utopía que señala Galeano, a caminar…
Galeano ofrece un horizonte destinado al ser humano. Lo sabe buscador de huellas, incansable dibujante de senderos nuevos, autor de propósitos e imparable corrector de rumbos…
Pero mientras para Galeano la utopía es lo que describimos, para Thomas More, político y humanista inglés (1478 – 1535) la palabra utopía tienen otro valor. En su obra llamada precisamente “Utopía” hace reflexionar sobre la injusticia del mundo, donde critica el orden político, social y religioso establecido, bajo la fórmula de imaginar como antítesis una comunidad perfecta. Su modelo está caracterizado por la igualdad social, la fe religiosa, la tolerancia y el imperio de la ley. Thomas More cree que la utopía es alcanzable, que el hombre debe pensarla, construirla, disfrutarla y cuidarla porque no es ajena a su constitución humana.
De esta forma, Galeano y More, aún en tiempos tan separados, nos convocan a unir lo posible con lo imposible para que el horizonte sea asequible, para que se detenga, abrace y nos contenga.
Hoy necesitamos construir utopías porque la realidad nos sacude demasiado, nos apabulla. La realidad se ha tornado áspera, lima todo aquello que intente mostrase como sensible. La incertidumbre abruma y el desborde de opiniones que muestran verdades, mentiras y posverdades es tan opresor que es necesario caminar para buscar la salida. Es doloroso ver derrumbarse lo que dábamos como cierto, seguro; lo que ayer era sólido, hoy desaparece con una liquidez sin precedentes. Así, despiertan los miedos y éstos paralizan. Necesitamos, entonces salir a caminar, ir en busca de nuevos horizontes, más blandos, menos dirigidos. Necesitamos un escenario pensado por cada uno de nosotros, caminar hacia él como nos pide Eduardo Galeano y tal vez construir la sociedad que pensó Thomas More.
¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de los ruidos molestos, si miramos aquel punto que se escapa en la línea etiquetada que la realidad deforma y nos impide asirla, para construir otro mundo posible?

