Día de la diversidad cultural

El 12 de octubre de 1492, Colón pisa tierra americana. Llega a la isla Guanahani, creyendo que había arribado a India. Sin saberlo, le entrega a la gloriosa España un botín de oro y riquezas jamás calculados. Ese hecho escribe con fuerza un titular en la historia que se leyó, durante muchos años, como “descubrimiento”. El rango de descubridores empodera a los europeos y desde ese lugar se arrogan el derecho a mirar al indígena como un ser inferior; el otro que, dada su condición debe someterse al imperio de la pseudosuperioridad. La dicotomía entre conquistadores y conquistados nace de los conceptos más acendrados. En representación de la madre patria española imponen paulatinamente lengua, religión, costumbres, formas de trabajo, gobiernos. No perciben que, para los nativos, la madre es la tierra, que madres son las selvas, las praderas, los desiertos y las montañas propiciantes del sustento material y espiritual que necesitan para sobrevivir. A esa madre ven profanar, devastar, a esa madre le arrebatan.

El conquistador, en la medida que comprende el valor de las riquezas naturales, se apodera de ellas, mientras sucumben los pueblos nativos por enfermedades, enfrentamientos, tristeza. Entretanto el genocidio se produce silencioso, en forma paralela, se escribe una leyenda donde se exalta la labor civilizadora, evangelizadora, dadora de cultura, frente a un nativo salvaje, cruel e ignorante. La grieta se marca, aunque el titular de “descubridores” unido a la leyenda rosa, y a la voz acecinada* de los pueblos nativos, son un ensamble apropiado para reinar en el vasto territorio sudamericano.

El genocidio indígena tiene su cumbre en las campañas al desierto o las mal llamadas “tierras ganadas al indio” cuyos resultados beneficiaron a una élite en el siglo XIX.

Con esa mirada se enseñó la historia en los claustros argentinos, dejando de lado muchas veces la gloria de nuestros héroes.

Como si eso hubiera sido poco en 1916 se calendariza esa fecha como “Día de la raza”. Esa nominación para evocar la fecha en que una potencia (España lo era) pone pie sobre una cultura incipiente, signa de contenido racista y eurocéntrico, acentúa la grieta marcada y dará espacios para abrir otras.

La Constitución reformada en 1994, el Art. 67 Inc. 17 declara los derechos de lo pueblos originarios y en 2010 se modifica el discutido “Día de la raza” para llamarse “Día de la diversidad cultural”, aunque, los indígenas lo reconocen como el “Día de la resistencia indígena”.

De todos modos, las leyes son letras frías; se necesita un puente interno desprovisto de egoísmos para borrar las dicotomías y comprender que el Otro distinto, no puede ser borrado, sometido, segregado y demonizado; el Otro y Yo somos el Nosotros en una sociedad que se precie de inclusiva e integradora.

(El rol de la mujer indígena originadora del mestizaje necesita un frondoso espacio; lo dejo para otra columna.)

(*) Acecinada: acallada, seca, arrugada.

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