
Día para recordar a “El patito feo”.
Desde 1967, el 2 de abril, se celebra del Día Internacional del Libro Infantil, coincidiendo con la fecha del nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen (1805-1875).
Hans Christian Andersen fue un escritor y poeta danés famoso por sus cuentos para niños, entre ellos, El patito feo, La sirenita, El traje nuevo del emperador, La reina de las nieves, El soldadito de plomo, El ruiseñor, El sastrecillo valiente y La sirenita.
¿Quién no los ha oído a través de la voz de maestros o padres? Cuentos que hicieron reflexionar, ponerse en el lugar de los protagonistas. ¿Quién no sintió empatía por ese patito diferente, que resultaba siendo un bello cisne? Final reparador que iluminaba los rostros.
La vida de este escritor no fue de las más fáciles. El padre murió joven y su madre era alcohólica; le tocó trabajar desde pequeño; su educación no fue sólida; no era una persona atractiva y jamás logró enamorar a alguien, aunque lo deseaba enormemente. Fue rechazado, no elegido. Se lo recuerda como un ser que nunca rozó la felicidad. ¿Han sido sus desencantos alimento para sus obras? Sin duda las emociones son difíciles de dejar de lado, a la hora de tomar la pluma. Quizá él mismo se sentía un “patito feo”.
Sea por lo que fuera sus cuentos recorrieron el mundo en todos los tiempos, habitaron escuelas y hogares. ¿Quién no se sintió patito feo en algún momento? Tal vez, estemos recordando aquel día en que nos dejaron de lado porque no éramos hábiles para jugar a la pelota o para memorizar una poesía, o nos discriminaron por no ser de los primeros en resolver un problema, por muy altos, bajos, gordos, morochos, pobres…
Todos los días conocemos hechos de bulling, algunos tan naturalizados que los pasamos por alto. “El patito feo”, particularmente deja un mensaje fuerte e instructivo: no se debe juzgar a la gente por su apariencia, pues la belleza reside en el interior. En el caso de el patito, cuando es feo es rechazado, pero en cambio, al convertirse en un cisne, todos lo ponderan. Otro mensaje, aunque más oculto es que patito feo, es feo en un ambiente donde todos son iguales; el diferente es rechazado porque desconocen su origen.
Andersen ha dejado con sus cuentos un legado valioso. Relatos que, leídos a los pequeños por la familia o por los docentes, desarrollan en ellos habilidades necesarias para enfrentar el aprendizaje. A saber:
La lectura de cuentos a los niños ejercita y desarrolla la mente. Los chicos adiestran la actividad del cerebro y razonan de manera original, logran interpretar lo bueno de lo malo y aprenden a conocer el mundo. Los chicos por un momento se ponen los zapatos de quien vive realidades ajenas a las suyas.
Por otro lado, despierta su imaginación con la que, después, elaborarán sus propias historias, encontrarán soluciones a los problemas y agilizarán su pensamiento.
Además, la diversidad de historias que escuchen leer o les lean, mejorará su lenguaje. El escuchar diariamente una amplia variedad de palabras nuevas les permitirá enriquecer su vocabulario y se expresarán mejor.
Por último, la lectura requiere atención. En los tiempos en que las pantallas se presentan como enemigas, leer un cuento hace que el niño tenga escucha atenta al relato y deje de lado otras distracciones. Esta práctica redundará en otras que le exijan concentración.
Los cuentos de Andersen nunca pasaron de moda. Sin duda, tocan las emociones. Ponen en relato lo que intentamos esconder y como el final es de recompensa, alimenta las esperanzas.
Si los ha escrito motivado por su propia experiencia de joven poco agraciado y excluido, el eco de la misma ha sido y sigue siendo instrumento y recurso para despertar en lo niños sentimientos de empatía y solidaridad. Tal vez, los que él necesitara.
Griselda Bonafede.

