Suele suceder en ocasiones que aquello que tan lejos fue proyectado, llevándose luego a la práctica, termina siendo un acierto rotundo. Visión. Puede ocurrir en cambio, que ante la posibilidad de modificaciones, las dudas nos ganen y terminemos enlodados en lo de siempre. Resistencia.
La historia de la principal avenida céntrica de la ciudad puede ser extensa o corta, depende del punto que se mire. Por una parte, tenemos décadas de existencia pero en paralelo, nos encontramos con muy pocas variantes. Cuestiones sustanciales aparecen con la pavimentación, el cambio en el estacionamiento y no hay demasiado más por repasar, variantes de fondo, importantes, aún no surgen.
La modificación que pretende llevar adelante la administración municipal de una vez por todas es para pensar en una avenida que sea atractiva por varios años. El proyecto, lamentablemente, está cada vez más cerca de fracasar por una combinación de factores, algunos de los cuales nos muestran de cuerpo entero como sociedad.
Hubo un importante equívoco en la comunicación, naufragando la misma en limitaciones similares a las de otras propuestas que pasaron por las manos municipales. Suele dársele el mismo tratamiento a los proyectos emblemáticos que a iniciativas menores o cotidianas. Basta repasar mentalmente cuántos partes de prensa, conferencia u ocupación de los espacios ya contratados en los medios por el municipio fueron destinados a esta propuesta. Incluso la presentación del mismo fue efectuada en otro barrio y en horario comercial.
Sin embargo, todo hacía pensar que los pasos venían concretándose tal lo previsto por el Gobierno local. Hasta en la semana previa el Centro comercial insistió en la importancia de la revitalización de la avenida (aunque también manteniendo una similar limitación comunicacional puertas afuera del propio sector comercial, perdiendo la posibilidad de volverlo un proyecto global a nivel ciudad).
Pero luego, a la hora de la definición, más de la mitad de los frentistas votó por la negativa.
El Municipio estaba dispuesto a costear -en términos generales- el 50% de los gastos, una ecuación que debería haber sido por demás atractiva, debiendo afrontar solamente 7 de cada 13 pesos invertidos. El supuesto «antes y después» también representaba mayores ingresos a futuro para los negocios del lugar. Pero nada bastó.
¿Qué pasó? ¿Cuál fue el punto de falla? Si todos estaban de acuerdo en la necesidad de recuperar el decaído sector que continúa perdiendo emprendimientos comerciales frente a otros espacios de la ciudad que se revitalizan, mejoran y crecen en un circuito virtuoso.
El doble discurso impactó de lleno la pasada semana en los pasillos del Municipio. Con la decisión tomada, fondos comprometidos ante la Provincia, el debate ahora cambia de carril y ya no se debe pensar únicamente en lo que sigue siendo un acuerdo generalizado de mejorar el lugar sino que muchos comienzan a pensar si es válido destinar tantos millones para quienes no quisieron acompañar el desarrollo urbanístico o si se puede dar marcha atrás, respetar lo que señalaron desde la oposición y volcar ese dinero en otras tareas pendientes en los barrios. Muchos seguramente estaríamos encantados de recibir un trato similar para contar con diferentes obras pendientes con la ecuación de pagar solamente una parte del costo.
Transitar por el Centro de la ciudad debería ser una experiencia agradable, que no se limite a compras puntuales o utilización de los cajeros automáticos. Deberíamos poder pasar por sus veredas sin esquivar pozos, ver las vidrieras por la buena iluminación existente y no por lo que quiso hacerse de forma por lo menos cuestionable y disfrutar de espacios comerciales continuos. Sin embargo, pareciera ser que por un tiempo más padeceremos los pozos ocultos tras las lluvias en las baldosas traicioneras, sectores de sombras que suelen meter miedo y casi cuadras enteras sin negocios ¿por dónde podría pasar el atractivo para invertir de parte de los comerciantes o visitarlos por parte de la comunidad?…

