Cuando un puñado de votos, cambia convicciones: ”Cabrini”, una buena película

En un servicio de retransmisión por suscripción que permite a sus miembros ver series y películas en un dispositivo con conexión a internet, encontré la película “Cabrini”, obra dramática y a la vez biográfica de 2024, dirigida por Alejandro Gómez Monteverde e interpretada por Cristiana Dell’Anna.

Se trata de una misionera católica, Francesca Cabrini, quien empecinada en llevar su afán caritativo, fuera de lo límites de la propia Italia, Lombardía, específicamente, se atrevió a enfrentar a los poderes políticos y religiosos para lograr su objetivo.

Si bien su primer interés residía en obtener autorización para realizar su misión en continente asiático y luego extenderlo hacia el oeste, el propio Papa, le propondrá llevar adelante su cometido en sentido inverso: de occidente a oriente. El Santo Padre era consciente de que, en Estados Unidos, los inmigrantes italianos sufrían toda clase de vejaciones, discriminación y marginalidad. La obra transcurre a finales del siglo XIX.

Cabrini, acompañada por un grupo de monjas, se abocará a tornar habitable el lugar de Nueva York donde están hacinados sus compatriotas. Le preocupan los niños y por ellos empieza su labor misionera, pero no quiero hacer un resumen de la película, sino detenerme en el último de los hechos llevado a cabo por esta fabulosa Madre Cabrini, mujer enferma que tendrá la capacidad de soportar todo tipo de humillaciones de parte de los hombres de la iglesia y del Estado, ante el reclamo por zanjar la injusticia en la vida de sus hermanos italianos, denigrados y violentados.

Sin embargo, Madre Cabrini, encontró la manera de lograr su propósito: construir un hospital para los enfermos italianos residentes en Nueva York. Apuntó a la debilidad de los hombres y sus ansias de poder. No pudo enternecerlos invocando a Dios, ni a las necesidades humanas, ni a las injusticias, ni al reclamo de igualdad entre hermanos en este mundo. No.

Madre Cabrini apeló a la ambición y ante el alcalde de Nueva York, negoció la protección de su obra (que ya había sido incendiada para obligarla a desistir) por los votos de todos los italianos que estaban en el lugar, sabiendo que a pocos días habría elecciones. Se anticipó a los tiempos, actuó como un hombre, o una mujer de hoy, se puso de frente y consiguió lo que quería.

La obra, más allá de que se trata de ficción sobre base real, intenta mostrar que, a finales del siglo XIX, como ahora, la promesa de votos hacía mover los principios. Ejemplo tuvimos hace pocos días cuando un gobernador, asustado por unas encuestas, comenzó a irradiar el comentario de que mejoraría el salario de los empleados públicos. ¿Verdadera chiquilinada o conocedor de resultados? Ninguno de las dos opciones lo honran.

Lo cierto es que la sensibilidad social aparece cuando delante de cada representante hay una rica oferta de libretas cívicas dispuestas a poner un sufragio a su favor, sufragio que lo coloque en el poder por primera o enésima vez, si se lo permiten.

Sugiero apreciar la película “CABRINI”. Tiene muchas facetas para elogiar, y además porque a decir de Frank Scheck – The Hollywood Reporter: “ (…) ofrece un relato convincente de una heroína cuya historia es demasiado poco conocida”. A disfrutarla.

Griselda Bonafede

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