El adios al «Zurdo» Toledo

JCToledoCon mucha experiencia a cuesta, en esto de cruzar piñas con el otro, sin saber por qué, un día llegó de Rafaela para radicarse nuevamente en Sunchales, para poder enseñar algo de lo mucho que le había enseñado la vida, en una de las actividades deportivas más duras…

Integró la subcomisión Municipal de Box y vestido generalmente con camisa blanca y pantalón negro, fue tercer hombre en el cuadrilátero, pero… un día se dio cuenta que su pibe quería ser boxeador y se bajó del ring, para meterse primero en el salón de la vecinal del Barrio Moreno, y después en un galponcito de Avenida Perón, con un objetivo claro y conciso: enseñar el deporte, sacar chicos de la calle, formar hombres de bien…

Con su hijo Emanuel como abanderado, se encontró entremezclado con un grupo de chicos, que se acercaron a él para ponerse por primera vez un par de guantes, pero que por sobre todas las cosas se acercaron para buscar paz en la mente pero, por sobre todas las cosas, en el alma.

En la tarde del jueves, el destino lo encontró con la guardia baja y no tuvo piedad en noquearlo a través de la muerte misma, a tal punto que nadie pudo tirarle la toalla y ni siquiera sonó la campana… y la tarde se hizo noche, y nadie fue a abrir el portón del viejo galponcito de la Avenida Eva Peron, y el chico quedó esperando al maestro y el maestro… nunca llegó…

Por eso esa noche nadie se colocó los guantines, como tampoco los cabezales y la colgante bolsa, sintió que nadie le pegaba para descargar su bronca…

En el galponcito del Barrio Moreno todo era oscuridad, silencio y dolor por que esa noche el maestro no llegó, porque el maestro nunca más vendría, por que el maestro… había perdido la vida por nocaut…

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