Desde hace 38 años, el Centro Estudios de la Lengua de nuestra ciudad, convoca a autores de toda la provincia al certamen literario de poesía y narrativa “Mario Vecchioli”. Año a año, se suman jóvenes y adultos amantes de las letras. El mismo cuenta con tres categorías de edades: 10 a 12; 12 a 18 y mayores de 18. La convocatoria a concurso anima a escribir, a volcar lo que se siente, a expresar emociones con las particularidades de cada uno, de decir lo que se quiere decir.
Algunos pueden pensar que es una “pasión inútil” porque no tiene seguidores por miles, no tiene aplausos estruendosos; es una tarea silenciosa. Sin embargo, nadie escribe para sí mismo; el que escribe siempre lo hace para comunicar algo. Esta hipótesis se hace sólida leyendo lo que dijo Eduardo Galeano en una entrevista que le fue realizada entre 1991 y 1994.
“Siempre se escribe a partir de un deseo de comunicarse; no creo que uno pueda escribir por otros motivos. Por más que me esfuerzo, no puedo creerles a los que dicen que escriben para sí mismos. Desde el momento en que alguien publica se dirige a los demás, y eso implica una responsabilidad. Aunque vos te hagás el avestruz y escondás la cabeza bajo la tierra, la realidad es esa. Una realidad que tu obra multiplica desde el momento en que se publica. Es decir, hay una cosa nueva en la realidad, que es un libro, o un artículo, o lo que sea, que está circulando e influyendo sobre la realidad, y eso no estaba antes de que se publicara. Quizás no pasa nada […] Yo tengo numerosas pruebas de que no se escribe porque sí; no es una pasión inútil esta necesidad que uno siente de decirse, diciéndose a otros y dirigiéndose a otros con palabras que vienen de la realidad y vuelven a ella. Multiplicadas, transfiguradas…”.

Yo tampoco creo que sea una pasión inútil, porque el escribir me gratifica, me empodera y creo que el universo me pertenece aunque sea por el tiempo que dura en plasmar lo que se siente, releerlo varias veces y guardarlo en una carpeta. Hoy, comparto una obra de esta pasión, que, útil o inútil, ayuda a sentirse bien:
Bajo el menguante de luna
Detrás de barbijos vegetales
el poniente aprieta los colores.
La tarde se ha dormido en un remanso de oro.
Detrás de la arboleda
espera un menguante de luna.
Duele el último rayo en la escalera hacia el horizonte.
Tristezas de la tarde
herida en sus matices.
Mi poema mendiga luces
para el crepúsculo del pueblo
aunque sonidos de gorriones desandan los deseos.
Percibo las ausencias
dispuestas a desordenar recuerdos.
Los eucaliptos se descostran
y caen pedazos de nombres enlazados.
Las adolescencias sucumbieron
bajo el cenit eterno.
Un lúgubre sonido de pinos
camina por el sendero de musgos.
Donde las retamas se hamacaban
viven sin temor las hiedras.
Camino bajo la mezquindad de la luna.
Mientras el mundo gira
llevándose en círculos los sueños.
Griselda Bonafede

