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Febrero en la historia. Un mes de fuego en las venas

Buscaba en las efemérides de febrero recuerdos de hechos relevantes, hechos fundamentales para la historia argentina y, que tal vez, por el tiempo en que ocurrieron (principios del siglo XX), no llegaron a conocerse en el interior del país, pero fueron eslabones en el progreso de la sociedad.

Desde 1880 en adelante, el crecimiento de la riqueza producida en el país consolidó el poder económico de un grupo social que consideraba a sus miembros “los más aptos” o los “notables” para ser gobernantes. A principios del siglo XX, Argentina mantenía en el poder, desde el siglo anterior, a representantes del Partido Autonomista Nacional (P.A.N.) quienes convencidos de que eran la única opción, practicaban el fraude electoral estableciendo el voto cantado entre otras prácticas tramposas y corruptas: organizaban el voto colectivo, el voto doble, la repetición del voto y la compra de sufragios. Se aseguraban que los gobernantes de provincias fueran adeptos a ellos y además les debieran favores, pero todo tiene un fin, aunque para los que sufren parezca una eternidad.

Para bien de las pluralidades y de la clase media que pugnaba por los derechos políticos, en 1891 apareció el Partido Radical cuyos representantes pondrán coto a este sistema perverso, más allá de las controversias internas que, no vienen al caso explicar en esta columna.

Conocedores del fraude que era moneda común en las elecciones, cansados de reclamar leyes que transparentasen las mismas y permitieran llegar al poder a otros sectores de la población, el 29 de febrero de 1904, el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical declaró la abstención electoral. ¿Qué significaba esto? Sin miedo, acordaron entre todos los radicales del país no presentar candidatos en las elecciones de diputados de la Nación, de senador por la capital, electores de presidente y vicepresidente de la Nación y anunciaron la lucha armada. Demostraban, de ese modo, la inutilidad de competir en un sistema fraudulento. Era una denuncia pública que desnudaba la corrupción electoral manejada por la oligarquía gobernante.

Impuesto por Julio A. Roca, gobernaba por esos tiempos, Juárez Celman su concuñado, quien al asumir decía: “No creo en el sufragio universal. Consultar al pueblo siempre es errar pues éste únicamente tiene opiniones turbias.”

La UCR conformada por hombres que creían en la democracia como forma de vida y de gobierno, prepararon un alzamiento cívico-militar para llevarlo a cabo entre el 4 y el 8 de febrero de 1905 bajo el liderazgo de Don Hipólito Yrigoyen. El objetivo era lograr el viejo anhelo de terminar con el fraude electoral en la Argentina.

Efectivos de un grupo de artillería leales al gobierno del presidente Manuel Quintana, se desplazan por las calles de Buenos Aires durante el alzamiento cívico militar del partido radical, el 4 de febrero de 1905 (Foto: twitter.com/BsAs_recuerdo).

Esta revolución no le fue propicia a los radicales, pero sí sirvió para que el poder de Juárez Celman se debilitara. Explica Felipe Pigna: “La Revolución es derrotada, pero Juárez Celman, sin apoyos, debe renunciar. El sector conservador de la Unión Cívica, encabezado por Mitre traiciona la revolución y negocia con Roca la asunción del vicepresidente Pellegrini.”

De todas maneras, más adelante, en 1912 se logró la ley electoral N° 8871 y Argentina inicia el camino de la democracia con la figura de Don Hipólito Yrigoyen.

Valoro el coraje de esos hombres que luchaban por sus ideales, con la mirada puesta en el mundo, sus cambios, sus avances, con fuego en las venas. Cierto es que no faltaron las traiciones y los acuerdos para no desarmar las “quintas” del poder, pero los que quedaron en páginas honrosas de la historia fueron los que unieron eslabones en el progreso social, valientes hombres de la Democracia. En este febrero tan cálido, es bueno recordarlos.

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Griselda Bonafede

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

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