Con un por lo menos dudoso timing, el Ejecutivo Municipal comenzó en el final de la pasada semana una campaña telefónica a través de la cual, «incentivar» a los vecinos a cancelar algunas de las tres cuotas cumplidas del Plan de Pavimentación de 152 cuadras. La acción, extemporánea, llega cuando ya ha vencido la cuota de julio (el pasado jueves) y la necesidad de demostrar adhesión a través del flujo de fondos se torna imperiosa para mantener con vida el proyecto.
Ocurre que, tras las modificaciones incluidas en la Ordenanza vigente para la iniciativa, es necesario mantener el nivel del 40 por ciento mínimo por cada sector para que siga siendo viable, caso contrario, se cae. En el informe recibido por el Concejo del Secretario de Hacienda respecto de la segunda cuota, el pasado mes, solo 4 de 16 sectores se mantenían por sobre esa línea de flotación.
Ahora, en tiempo de descuento y con una Minuta de Comunicación pidiendo información al jueves pasado, los llamados se vuelven casi de una impericia notable. Bien puede pasar que, motivados por la apelación al corazón del vecino, algún frentista con el aguinaldo en su poder se acerque al Municipio y abone con confianza la mejora, sin saber que es probable que, números en mano, en los próximos días la obra se discontinúe.
Uno de los puntos más frágiles del proyecto fue la certeza hacia los beneficiados. Las dudas arrancaron de movida, con notas mal entregadas, montos que debieron corregirse e informaciones que nunca llegaron con claridad. Para ser la obra pública más importante encarada a nivel local en las últimas décadas, uno hubiera esperado un despliegue especial, profundo y profuso desde el área de Comunicación. No obstante, los medios recibieron por semanas consultas y preguntas básicas, aún con el anuncio de la puesta en marcha de la obra.
Sin embargo sin notas, folletos, cortes rotativos, publicidad callejera o similares, con reuniones esporádicas en vecinales (y una última y forzada reunión informativa donde pocos vecinos asistieron) el arranque encontró a muchos con incertidumbre. El Concejo supo «capitalizar» este protagonismo, dando a conocer sus inquietudes que permanecieron flotando y retumbando casi siempre para recibir alguna tibia respuesta o desmentida que llegó tarde y mal. En este sentido y si bien no era su responsabilidad directa, tampoco el Cuerpo Legislativo aportó en demasía, bien pudo haber rotado sus espacios contratados en los medios o salir a cubrir este bache informativo (claro, en una segunda instancia, cuando ellos mismos pudieron informarse de las características).
Entre tanta duda, el rol de las Comisiones Vecinales también pudo ser trascendente. Pero aquí también se cayó en la misma sintonía de varias áreas de la actual administración: se generó la Comisión de Seguimiento, Fiscalización y Control pero tras la convocatoria inicial, nunca más se la tuvo en cuenta. Teniendo allí voceros directos de los barrios involucrados, parecía estar claro por dónde podía armarse un circuito informativo de llegada directa y gratuita a los vecinos…
En los próximos días, el Concejo espera la respuesta con lo recaudado en la tercera cuota, al jueves pasado (más allá de lo que suceda con los llamados que hoy lunes continuaban llegando) y la Comisión aguarda una citación para poder cumplir con su función. A partir de allí, el ambicioso Plan entrará en etapa de definiciones y en no muchos días más se podría saber si continúa o si comienza a correr el plazo de un mes para la devolución de los fondos aportados (en cuotas o de contado).
De darse la primera alternativa, bueno sería aprovechar el tiempo ganado e insistir, informar, transparentar e involucrar a los vecinos en una obra que todos quieren pero pocos conocen verdaderamente y no esperar 91 días para intentarlo cuando debió arrancar del primer día.
De darse la segunda, hay varios puntos que podrían aprovecharse, corregirse y servir para darle forma a un plan «más terrenal» que permita avanzar con esta obra, incluso respetando y manteniendo el excelente trabajo de proyección y división en sectores.

