La libreta escolar, un documento vincular que no pierde vigencia

El boletín escolar nació con la propia escuela, es obra de la Modernidad. Es un instrumento comunicacional que sirve a sostener con la familia un lazo de interlocución fundamentado y traducido en resultados obtenidos por el alumno – hijo como constancia del desenvolvimiento del alumno en el proceso de enseñar y aprender. En definitiva, es un documento que compromete al docente cuando emite la nota y al padre cuando la firma.

Este dispositivo de comunicación sufrió modificaciones acordes a los cambios de la misma escuela. Haré un recorrido comenzado por la década de ’50 cuando la graduación ascendía de 1° grado a 6° incluyendo un 1° grado superior, entregaban libretas pequeñas llamadas LIBRETA DE ESTIMULO que contenía varias páginas donde los docentes colocaban en la primera hoja, la asistencia; en la segunda y tercera las notas detalladas mes a mes y el resto quedaba a disposición de los maestros para utilizarlas cuando el desenvolvimiento del alumno/a lo mereciera, sean estos estímulos o reprimendas.

Las notificaciones podían llegar al hogar en cualquier momento, sin depender del período de calificación mensual. Regresar con la libreta de color rosado fuera de ese período tenía dos posibles significados: el alumno se había destacado y merecía que sus padres conocieran el elogio recibido, o bien lo contrario, que había incurrido en alguna inconducta o desatención que debía ser comunicada. Por eso, llegar con la libreta en un momento distinto al de la evaluación podía generar cierta inquietud en el hogar.

Al pasar a los grados superiores se entregaba el llamado BOLETIN DE CALIFICACIONES MENSUALES (mes a mes). Más grandes o más pequeños, no dejaba de ser una hoja de cartón de un color determinado que contenía los datos más importantes para la escuela y la familia.

Llegada la década del ’70 los alumnos recibían los mismos boletines. El cambio estaba en el período de calificación que se dividía en 4 períodos; el primero de tres meses y los restantes, de dos meses cada uno.

Los boletines de calificaciones esperados con temor o con alegría ocupaban un lugar en el entramado familiar. Las calificaciones sean en números o conceptuales generaban un motivo de análisis. Satisfactorio o Suficiente, eran de un sabor amargo para quien lo recibía; lo mismo con el 4 o el 5.

Pero los docentes agregaban un estímulo, una frase que mostrara su seguimiento, detrás de la nota y después la firma de ella y la directora o vicedirectora, seres humanos comprometidos con la educación de ese niño. Cuando los padres se acercaban para buscar respuestas al aplazo, los firmantes se hacían cargo y tenían la respuesta para fundamentar el motivo.

Foto: Gentileza Griselda Bonafede.

En la década del ’80 hubo años en que los boletines emanados por el Ministerio de Educación no llegaron ni para el primer ni para el segundo trimestre. En algunas escuelas, se copiaron en papel oficio algunos ejemplares sobrantes de años anteriores y se entregaron a las familias; otras instituciones, en cambio, se negaron a hacerlo y directamente no entregaron las notas.

Finalmente, cuando los boletines oficiales llegaron —ya avanzado el año— surgieron conflictos: algunos docentes se negaban a volcar todos los datos desde el primer bimestre, otros optaban por anexar el papel oficio al boletín y algunos más decidieron completarlos íntegramente. A raíz de esta mala experiencia, muchos directores comenzaron a acumular boletines por precaución, en caso de que la situación volviera a repetirse.

Todos estos avatares, afrontados por los docentes y la escuela en su conjunto, son una muestra del compromiso que siempre asumieron los maestros frente a sus alumnos y sus familias, cómo resuelven problemas creados por el mismo Ministerio y de qué manera inclinan la balanza a favor de los educandos y todo en total silencio.

Cabe acotar que siempre la libreta era entregada a los alumnos y llegaba a la familia a través del hijo/a, pero desde el año 2024, Santa Fe dice adiós al boletín de papel y la entrega en manos a los alumnos. El Ministerio adopta la libreta digital en sistema Excel. La misma llega a los padres mediante el celular o la computadora agilizando los datos.

Cierto es que se trata de una medida económica y favorecedora del cuidado del medio ambiente, pero aleja de ese espacio de comunicación cara a cara entre alumnos – profesor, padre – docente. El espacio reservado a ”Observaciones” se encuentra, ahora más despoblado de estímulos. La misma se ha tornado fría y hasta fantasmal dentro de un espacio cerrado como un celular o computadora, pero los tiempos cambian…

Sin embargo, en las reuniones familiares, mencionar el boletín es todavía motivo de reflexión de preguntas y búsquedas de respuestas y/o soluciones. Es el documento que atestigua el desarrollo escolar y su información es lacónica e incambiable. Exige toma de decisiones.

Mientras haya escuela, habrá un boletín escolar, una familia que lo espere y un alumno que se alegre o se entristezca, pero es el vínculo entre la casa y la escuela, el documento que sella el compromiso de ese acuerdo tácito entre escuela – familia nacido hace muchos años y ojalá no se pierda.

Griselda Bonafede

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