Durante mucho tiempo, cuentan los memoriosos residentes en el lugar, albergaba la principal vía de acceso a la ciudad, siendo sitio de paso obligado tanto para entrar como para salir. Luego, la apertura de avenida Yrigoyen tal como la conocemos hoy en día causó una división hacia el norte y el sur, sumándose a la que de este y oeste había efectuado ya la ruta nacional Nº 34.
Así se tiene hoy en día un doble bloque de la ruta “hacia acá”, como dicen los que allí residen y “del otro lado de la ruta” o en “Villa Amanda”, tal como popularmente se conoce a ese pequeño conglomerado de manzanas urbanizadas al extremo este de la ciudad.
Pensado en un principio como un sitio de viviendas apartadas, con lotes más amplios que la media en el resto de la ciudad, muy rápido quedó inmerso dentro del ejido urbano, dejando atrás aquel atisbo de sector de quintas para ser como el resto: un barrio residencial aunque también conteniendo la posibilidad de oferta de servicios y comercios de rubros básicos, restringiéndose el uso del suelo en otros aspectos.
Igualmente, quedan aún múltiples viviendas de generosas dimensiones que van dominando el horizonte, con arquitectura moderna y espacios ocupados de diversa manera. Entre ellos, casas de clase media, más modestas en cuanto a la forma de erigirse, se ubican e instalan tanto al norte como al sur de la avenida Yrigoyen.
Los nuevos loteos -los que están en marcha y los que vienen- seguramente terminarán de conformar la identidad propia de este barrio.
En este barrio se ha instalado el primer sistema de alarma comunitaria de la ciudad, el cual ha dado hasta ahora un resultado altamente satisfactorio ya que en esta doble cuadra no ha habido ningún robo.

