Villa General Belgrano, un nombre para el desagravio

Villa General Belgrano (Foto: Internet).

Recorremos el país con el goce que nos proporcionan sus paisajes; algunos ya visitados, no dejan de admirarnos. Córdoba, por ejemplo, es una provincia que nunca satura la mirada. Cada lugar conforma un panorama armonioso. Viajar por sus sierras no rutiniza el trayecto; por el contrario, provoca siempre estupefacción.

Los pueblos y ciudades de esa provincia llevan nombres muy pintorescos a diferencia de nuestra zona santafecina en la que vale destacar la abundancia de nombres femeninos: Aurelia, Susana, Josefina, Eusebia, Rafaela, Ramona, etc.

Pocas veces preguntamos porqué escogieron esos nombres para nombrar el paraje rodeado de sierras y lagos. Viajando por Villa General Belgrano, hermoso lugar cordobés, capital de la cerveza, me entero de que originariamente se llamaba Valle de Calamuchita y que un evento poco feliz, produjo una reacción oportuna y el consecuente cambio de nombre.

El primer nombre de este lugar fue El sauce. En 1937 se lo denominó Villa Calamuchita. Calamuchita es un vocablo indígena que significan Tala y Molle respectivamente, expresa Abundancia, por lo cual Calamuchita indica Abundancia de talas y molles.

Lo inédito es que una noche del año 1943, banderas argentinas fueron quemadas por manos todavía anónimas. No se sabe a ciencia cierta quién fue el ejecutor, ni por qué motivos. Se dice que no fue solo una, la insignia incinerada. No interesa la cantidad cuando se trata de agravio al mayor símbolo de la Patria.

El entonces gobernador Amadeo Sabattini (1936-1940), ante tamaña profanación a la bandera, rápido de reflejos, bajó al pueblo de Villa Calamuchita y decretó el cambio de su nombre por el del creador del emblema nacional: Villa General Belgrano.

Lucida actitud del mandatario quien no pasó por alto tamaño desacierto y sancionó con altura y rango patriótico el agravio recibido a la bandera de los argentinos.

Circularon versiones diferentes: se les adjudicó a marineros alemanes que se encontraban en el lugar, después de una noche de abundante cerveza, a los vecinos de Santa Rosa y hasta a los propios criollos del lugar.

Nunca se aclaró el hecho. Casi una obviedad en Argentina, pero quedó en la cumbre la efectiva respuesta del gobernador del momento.

Hoy, entramos a pueblos y ciudades de la serranía cordobesa, paseamos por ellos, leemos sus nombres, todos atractivos, sonoros, inspirados en la historia originaria, en el paisaje, sin embargo, existe un hermoso lugar cuyo nombre irrumpe altivo: Villa General Belgrano. Si no se conoce la historia, no produce asombro porque evoca a uno de los próceres más destacados; cuando se la conoce, la sensación es otra: satisfacción de saber que en la historia hubo hombres políticos que pusieron en la cima la tarea de gobernar, honrando a la Patria.

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