
Contar con establecimientos educativos representa, para una comunidad, un pilar fundamental para asegurar su posterior desarrollo. Formar a los pequeños para que continúen insertos en una sociedad cada vez más próspera, permite crecer de manera positiva.
Así fue entendido en los inicios de nuestra ciudad, cuando rápidamente se buscó una forma de resolver esta cuestión. La creación de una entidad educativa permitió incorporar a más de una veintena de niños al circuito formal de educación y a la vez, comenzar a unificar criterios y situaciones propias de un lugar que recibía a familias no solamente de distintos lugares del país sino de otros países y otros continentes, con idiomas, costumbres y conocimientos particulares.
Siendo el único establecimiento de estas características, terminó participando de múltiples aspectos de la vida local, con Talleres y grupos de alumnos involucrados en propuestas diversas como música y jardinería, entre otros.
Un comienzo necesario pero sorpresivo
De acuerdo a lo que cuenta Basilio Donato en su libro «Noticias del Fuerte de los Sunchales y sus tres colonizaciones», en aquellos fines de 1800, todo en la provincia era ebullición, crecimiento, consolidación de Colonias y necesidades que surgían y debían ser resueltas.
En ocasiones, la buena voluntad chocaba con las disponibilidades y esto repercutía en la calidad o tiempo de respuesta. Así pasó en nuestra ciudad, donde en 1887 ya se había solicitado la creación de una escuela:
Por carecerse de recursos no previstos por el presupuesto, no se hace efectiva la instalación hasta 1888. Casi en este mismo año, tampoco se iba a conseguir la escuela, sino se da la casualidad de que en la colonia María Luisa, por no hallarse local, ni maestro que fuere, los muebles y útiles estaban depositados en una casa particular. Entonces, la partida de dicho lugar, se traspasó a Sunchales. Se designa preceptor a Don Saturnino Marquínez en marzo de 1888 y se le ordena trasladar los muebles y demás enseres a Sunchales.
En agosto de ese mismo año se retiran y se dispone ubicarlos en la casa que Don Rodolfo Brühll tenía para su oficina de inmigración.

