Sunchales transita los 139 años de la fecha fijada en el almanaque de la historia cuando el gobernador de la provincia, José Gálvez, aprobó la traza de la colonia y pueblo de Sunchales, dando inicio así, a la tercera colonización. Fue un 19 de octubre de 1886. Esta fecha, símbolo del avance de la civilización según la historia oficial, dejó en segundo plano a los pueblos originarios que habitaron la región desde siglos antes.
Basilio María Donato (1974) menciona en su obra la existencia de población previa a 1780, y Fernando Calamari (2019) en su Tesis Doctoral, sostiene que los indígenas ya ocupaban la zona desde los siglos I o II a.C., organizados como pueblos nómades.

El relato de dos colonizaciones frustradas, antes del 19 de octubre de 1886, se conoce y se enseña en las escuelas. Sin embargo, es la tercera colonización la que impone memoria colectiva. La ciudad, evidencia lo que la modernidad impuso, es decir, el resultado del período iniciado en 1880 en el que Sunchales, se inserta en el proceso de organización y consolidación del Estado Nacional.
Los hombres de la Generación del ’80 tenían objetivos precisos: Insertar Argentina en el modelo agroexportador, como país de periferia productor de materia prima. Para eso: arrebatar la tierra habitada por aborígenes, promocionar la inmigración y tender redes ferroviarias. La pequeña población con nombre de planta, Sunchales, quedaría en el eslabón de los pueblos que produjeran cereales.
Sunchales comenzó a erguirse entre otros pueblos con nombres propios (sobre todo de mujeres). Con excepción de Rafaela, emplazada en lugar privilegiado de cruce de rutas, creció, aunque sin desmesura, mucho más que cualquier otra población colonizada o fundada en los mismos tiempos.

Se dirá que fue la empresa cooperativa madre, SanCor, la que le dio el impulso de progreso y generó otras grandes e importantes empresas de distintas clases y categorías. Hoy, somos más de 23000 habitantes, población relativamente pequeña. Considerada como ciudad, con mejores índices en calidad de vida, fue forjada, en su mayoría por familias migrantes, trabajadoras deseosas de mejorar su futuro.
El próximo año, al cumplir los 140, nos exigirá poner en valor la historia, retomar los detalles perdidos, los que se callan, los que ya no le ponemos atención y referenciarnos nuevamente. Los nuevos habitantes, así como los visitantes, deben saber que esta ciudad tuvo un proceso de construcción y reconstrucción, antes de su tercera colonización, que no escapó a la vivida en simultaneidad por todos los pueblos de Sudamérica porque sus protagonistas fueron análogos.
Esa fecha nos dará ocasión de revisar la historia, rescatar voces silenciadas, convocar a pensar entre todos y visibilizar la presencia indígena, como lo hacen otros pueblos del país. Es tiempo de resignificar el pasado y construir una memoria más inclusiva. La oportunidad está dada. Dependerá de todos aprovecharla.
Griselda Bonafede

