El colista llegó a la ciudad para presentarse ante un Unión que venía de obtener dos triunfos consecutivos. No obstante, casi se invierten los roles puesto que se puso rápidamente en ventaja la visita e incluso dispuso de una de las últimas chances como para llevarse los tres puntos al sur provincial. Lo curioso es que Real Arroyo Seco suma 4 puntos, dos de los cuales se los arrebató a los equipos de nuestra ciudad.
Si algunos fueron al estadio pensando ver a un equipo muy superior al otro, rápidamente se encontraron con una situación diferente porque lejos de concentrarse en su campo, Real Arroyo Seco salió a jugar de igual a igual con Unión. No sólo se apropió del control de pelota sino que lo hizo en el campo albiverde y apenas pasado el cuarto de hora inicial, se puso en ventaja por intermedio de Santa Cruz.
Esto tranquilizó y retrasó a los visitantes, que se sentían cómodos de contra, recuperando cerca de su área y saliendo lo más rápido posible. Unión trataba de acorralarlo pero no estaba certero en los pases y esto conspiraba en su efectividad.
Luego fue creciendo el juego del local, a quien sólo faltó que lo acompañara la suerte para quedar definitivamente mano a mano con Rufini y marcar la por entonces ya merecida igualdad. Un tiro libre en el travesaño sobre el final, rubricó el buen momento del equipo, sumando luego otra chance de media distancia.
De arranque, en el complemento, Salteño no perdonó y en la primera clara en sus pies, definió con precisión para nivelar las acciones y poner en marcha un partido seguramente diferente. Pero esto quedó todo en la teoría ya que Real siguió apegado a su libreto y sin retrasarse, los de Daniel Killer siguieron haciéndole fuerza al albiverde.
Después de tomarse un respiro, los minutos finales terminaron siendo los más emotivos. Con Unión volcado totalmente al ataque, con una ofensiva renovada a partir del ingreso de Joaquín Cabral, presionando y acumulando situaciones varias -algunas casi increíbles por los rebotes- y la visita que también corriendo hacia Aguiar, de contra, paralizaba más de un corazón. Sin embargo, ni uno ni otro tuvo la certeza necesaria como para poder convertir y la igualdad terminó llegando casi como una consecuencia lógica.


