Vive los 90 minutos de juego al máximo, se para, se sienta y se vuelve a levantar, tira la gorra al suelo y a veces hasta la pisa, se enoja con el árbitro, discute con los contrarios y si el tiempo lo permite, se pelea con alguien de la tribuna. Así es el técnico de Libertad, el que siempre tiene “el cuchillo entre los dientes”.
Lo conocí y comencé a tratar en profundidad cuando llegó a Sunchales para comenzar a cambiar la historia en Unión, proceso que después continuó José Restelli.
Integrante de una familia que siempre transpiró fútbol, tanto sea desde dentro de un campo de juego, como sentado en un banco y muchas veces detrás de un alambrado, porque esa pasión desenfrenada, entendible y para el sin límites, lo llevó a dirigir a su equipo desde afuera.
Así es “el Dani”, laburante como pocos, un tipo que intenta transmitir lo mucho que sabe, un tipo que siempre “le puso el pecho a las balas”, porque muy pocas veces tuvo la oportunidad de dirigir equipos “de punta”, al contrario, más de una vez lo llamaron para “apagar incendios”.
Este domingo para él y para Libertad, será un nuevo desafío, un nuevo tiempo de volver a barajar y dar de nuevo, y eso a él le encanta, porque le encantan los desafíos, porque siempre ha andado por la vida desafiándole al destino futbolístico, tanto de el cómo de los suyos, sus dirigidos.
Cada vez que nos encontramos no necesitamos andar a los abrazos ni mucho menos, porque solamente con la frase de “un gusto en saludarte”, alcanza y sobra, porque ambos sabemos que esa frase no tiene comedidos, simplemente expresa entre ambos un deseo sincero… «un gusto en saludarte».
Aquella tarde noche que hablamos en el vestuario, justo en el día del padre de “el viejo”, que ambos no teníamos más, nos emocionamos y nos dimos cuenta en esa emoción, que en la sensibilidad coincidíamos al máximo, fue desde entonces que nació una relación afectiva y respetuosa que va más allá de un partido de fútbol o de un resultado final, una relación que tiene altura íntima y no necesita de abrazos obligatorios.
Dani, “loco de la guerra”, gracias por regalarme tu respeto, para vos y para tus dirigidos, que tengas un buen campeonato, quiera Dios, tu familia y “el pelado” que así lo sea, porque lo tenes verdaderamente merecido… Víctor (La Juana).

