La Casa de Steigleder toma vida. Micromonólogos, el arte en primera persona

¿Quién no recuerda aquel monólogo que Shakespeare pone en boca de “Hamlet”? en su famosa obra del siglo XVII:

“Ser, o no ser, ésa es la cuestión.
¿Cuál es más digna acción del ánimo,
sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta,
u oponer los brazos a este torrente de calamidades, (…)”

El monólogo es una actuación en solitario donde el actor habla solo, para sí mismo, para quien imagine o bien para el público. El personaje se considera solo en ese lugar y pone en escenas dos aspectos: la relación de contexto y el relato.

De la mano de Gabriel Fiorito y su grupo, incansables hacedores de provocar emociones con arte actoral, estos últimos fines de semanas, asistimos a la nueva edición del Festival UAIFAI de Micromonólogos, experiencia teatral que combina intensidad de interpretación con proximidad del público. Esta nueva propuesta obliga a los espectadores a reposicionar su rol porque en espacio reducido, parados o sentados, pueden formar parte de las escenas en cuatro habitaciones diferentes de la antigua casa de Carlos Steigleder.

El primero a disfrutar es: “Qué suerte ser de Géminis” se desarrolla representando al tercer signo del zodiaco: los gemelos. Se dice que las personas con este signo tienen una personalidad dual y versátil, siempre cambiando y explorando nuevas facetas de la vida.

Las protagonistas, Natalí Bustamante y Luisina Goitre, describen con relato y movimiento estas características. Interactúan con el público y se muestran cómo puede hacerlo un geminiano en la vida: comunicativo, curioso, adaptable, en fin, polifacéticos. El contexto es ellas mismas en poses y acción. Muy bien logrado por las actrices. Se movieron con soltura en espacio muy cercano al público.

Foto: Ariel Balderrama.

El segundo: “Ni muy muy, ni tan, tan”. El contexto: una mujer, Elizabeth Suárez, se acicala delante de un espejo, habla con una foto y a través de ella nos enteramos de que se está preparando para encontrarse con alguien que hace muchos años no ve; evoca el pasado de momentos felices, de abandonos, de silencios y resquemores. La mujer acompaña ese relato cargado de dudas, con movimientos que le permiten anticipar sus decisiones. No sabe si acudir o no, a ese encuentro después de 30 años, hasta que, alejando temores, desaparece de la escena. El público se queda un rato esperando ¿Y si se arrepiente y regresa?, pero no lo hace y el espacio se desaloja. Una evidencia de la armonía de relato contexto, de compromiso del espectador.

Foto: Ariel Balderrama.

El tercer monólogo “El paisaje perfecto” exige mucha atención. La monologuista, Ángeles Socín, espera al público mirando por la ventana; cierra un postigo cuando todos están ubicados y ella inicia su relato; un hecho pasado que aparece en sus pensamientos y emociones y se transmite de manera subjetiva. En este relato, es necesario estar atento al contexto porque es muy profundo lo que se escucha. A medida que el personaje comparte sus pensamientos, el público se adentra en su mundo interior y experimenta una sensación de serenidad y asombro. El cerrado del último postigo devuelve al mundo real y queda el último…

Foto: Ariel Balderrama.

“La mujer vaca” con la actuación de Roberto Cerri y Sergio Gauchat. El monólogo se sumó a la capacidad histriónica de Cerri y el público disfrutó del último espacio riéndose del conjugado y armonioso ensamble de relato y contexto. La capacidad de hacer reír es un arte que estos actores manejan con solvencia.

Foto: Ariel Balderrama.

Muy buena idea de acercar a Sunchales el Festival UAIFAI de Micromonólogos. La Casa de Steigleder toma vida y no pude dejar de asociar pasado y presente: el hombre que pensó un pueblo, sus progresos y su futuro y el hoy cargado de improntas creativas en una ciudad cuyos ciudadanos apuestan a al arte como forma de crecimiento

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Griselda Bonafede

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