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«La historia de la parroquia de Sunchales es un poco oscura en cuanto a fechas se refiere. Por lo que se ve, la primera misa de la que se tiene constancia se celebró el 8 de diciembre de 1888 por un sacerdote llamado Remigio Carnevale, traído de ex profeso. Fue oficiada en la casita que existía en el lugar ocupado actualmente por el edificio de la Comuna y que pertenecía a la familia de Cesaris»; tal lo expresado por el órgano de prensa «La Cruzada».
Martín Santiago Saavedra, es el primer nombre consignado en las páginas que contienen las actas bautismales de 1888. Ese mismo 8 de diciembre, Domingo Burlone recibe idéntico sacramento.
El Padre Cayetano Montemurri es trasladado desde Lehmann para desempeñarse como sacerdote de la colonia. Entusiasma en 1890 a los lugareños para afrontar la obra de construcción de un templo digno de la población, con dimensiones adecuadas, ya que la mayoría de los feligreses quedan afuera conversando y no escuchan la palabra de Dios.
Relata Basilio Donato que «Don Carlos Steigleder ha hecho reservar en el plano de la traza del pueblo una manzana para construir en ella las oficinas públicas, conforme con las disposiciones del Departamento Topográfico provincial, pero no previó espacio para la iglesia, dado que él es Protestante y pensó que los Católicos resolverían por si solos su credo».
Cuando Don Cayetano Montemurri le pidió a Steigleder un cuarto de manzana para edificar la iglesia, el administrador del pueblo le ofreció el lugar donde se haya actualmente el Banco de la Nación Argentina. No conforme, Montemurri ocupó la cuadra destinada a oficinas públicas. Pero Steigleder no le otorgó el título de propiedad.
La obra comienza a tomar forma en 1894, culminando un par de años más tarde. Según los datos existentes, compran 294 mil ladrillos y la obra termina costando 11.445,49 m/n. León Martinuzzi es quien coloca los cimientos del templo.
La carencia de torres comienza a revertirse cuando, en el año 1906, se le añade una hacia la derecha desde el frente. Pero la arquitectura que termina luciendo hasta la actualidad llega de la mano del Padre Antonio Preiti y las dos naves que le dan espacio mayor a ambos lados corresponden a mejoras encaradas por el Padre Marcos Tacca.
Hasta 1902 la Santa Patrona de Sunchales era Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, actualmente patrona del Barrio Centro. Ese año llegó a nuestra ciudad el padre Santiago Annovazzi, quien provenía de la congregación de San Carlos Borromeo. Se cree que a partir de su arribo se cambió el Patrono ya que el primer sello oficial de la Parroquia es del 18 de septiembre de 1902 con el nombre del Santo.

El ejemplo de San Carlos Borromeo
Hay un acontecimiento célebre en la vida de Carlos que define la abnegación y sentido de responsabilidad de su cargo: la llamada peste de san Carlos. Cuando el 11 de agosto de 1576 hacía su entrada solemne en Milán Juan de Austria, gobernador de los Países Bajos, que marchaba camino de Flandes, estalló la espantosa noticia de que había peste en la ciudad. Aquel mismo día prosiguió el gobernador su viaje y los milaneses comenzaron a aprestarse para luchar contra el terrible enemigo. Borromeo, que se encontraba fuera de la ciudad, al saber la noticia aceleró la vuelta para tomar las medidas oportunas. Los lazaretos rebosaban ya de apestados, a los que faltaban no solo los auxilios materiales, sino también los espirituales.
El arzobispo de Milán, para contrarrestar la peste, hizo pedir limosna por la ciudad y de su patrimonio vendió los objetos preciosos que le quedaban. Incluso cedió las colgaduras de su palacio para hacer vestidos. Dormía escasamente dos horas para poder acudir personalmente a todas partes, visitaba todos los barrios alentando el ánimo de los que desfallecían, administraba él mismo los últimos sacramentos a los sacerdotes que sucumbían en aquella obra de caridad.
No despreció el peligro de contagio y ordenó un triduo de oraciones públicas y procesiones. En estas solo podían ir adultos en fila de uno y a tres metros de distancia unos de otros. La peste siguió en aumento durante el otoño y todo el año siguiente de 1577. Hasta el 20 de enero de 1578 no se declaró su extinción. Por su extraordinaria conducta durante la peste, aquella dura prueba se denominó la peste de san Carlos.

