
Para nuestra ciudad, la figura de don Vicente «Chente» Cipolatti es más que un recuerdo, la presencia sostenida en denominaciones de espacios de tránsito y la gloria conseguida con su automóvil que es exhibido junto a algunos de sus trofeos, así lo testimonia.
Referente ineludible en todo lo que esté relacionado con el deporte motor, el recordado «Gringo en alpargatas», como alguna vez lo bautizara Mirta Rodríguez en una investigación de su vida, representa historia grande de nuestra ciudad trascendiendo lo meramente deportivo.
Cipolatti tenía la humildad y sencillez de los grandes, tanto en las pistas como en la vida diaria, los triunfos no le modificaban su vida habitual. Prueba de ello fue que al día siguiente de haber alcanzado la gloria máxima en el autódromo de Rafaela, no extrañó verlo desde las 7 de la mañana inmerso en la rutina diaria, junto a su hermano Lorenzo, atendiendo a cada uno de los clientes que se acercaban a la estación de servicio que estaba ubicada frente a plaza Libertad.
Tres años más tarde, en 1966, la vida le dio revancha de lo que no había podido ser en 1963, alcanzando el título de Campeón Argentino de Mecánica Argentina Fórmula 1.
También supo incursionar en el Turismo Carretera. Se retiró de la actividad en 1969, luego de una competencia de MA F1 en Rafaela, en la que había alcanzado la gloria máxima por aquel entonces.

